Seis años atrás, el baloncesto profesional en el País Vasco se limitaba al Baskonia sin que en el horizonte se atisbaran cambios significativos. Como si de una galerna se tratara, en un lustro el panorama se ha transformado hasta el punto de colocar a este territorio entre las potencias nacionales por número de equipos en la ACB. Al laborioso crecimiento del Bilbao Basket se une ahora la pirotécnica llegada del Gipuzkoa Basket. Quien hasta hace nada se creía un terrateniente con todos los recursos para sí, ha recibido de lleno taza y media de realidad.
La fotografía que ilustra esta información es en sí la noticia que nos ocupa. El abrazo de Ereaga, sincero, sentido, con su pizca de vanidad. Gorka Arrinda y Miguel Santos, dos empresarios de éxito relacionados con el mundo del deporte. Saben de qué va esta película y han aprovechado sus recursos para activar resortes. El máximo accionista del Bilbao Basket ha supuesto para el presidente del club donostiarra un importante bastón. A él fue a uno de los primeros que llamó cuando el navarro sintió deseos de abanderar el proyecto del baloncesto guipuzcoano, anterior en el tiempo a su candidatura a la presidencia de la Real y posterior a un hecho no consumado y no certificado oficialmente: su idea de ocupar la poltrona del Atlético Osasuna.
La representación deportiva es otro elemento que les une. Con una particularidad. Santos sólo ha trabajado con el mundo del fútbol y es sincero al plantear por qué. «Era donde estaba el dinero cuando yo comencé. Respeto profundamente a otros profesionales que abarcan otros campos, como Gorka Arrinda, que lo hace muy bien». Lo de la cabeza visible de Sport Gestión vino más dado por mamar el mundo de la canasta en la etapa de presidencia de su padre del Caja Bilbao. Baloncestistas, ciclistas, futbolistas y montañeros abarcan la mayor parte de su nómina de clientes.
Otra coincidencia que aportan es la confianza popular que se han ganado y que ha derivado en la rendición institucional. El Bilbao Basket nace con una mano delante y otra detrás. El apoyo institucional era acorde a su incipiencia, lo mismo que la masa social. A base de ganar partidos y títulos, de crecer en el escalafón y ofrecer un buen entretenimiento, se ha obrado el milagro. O la contradicción. Porque ahora ver baloncesto en Bilbao es un lujo al alcance de cinco mil personas. La Casilla no da para más, el Bizkaia Arena es un recurso puntual y hasta finales de 2008, si se cumplen los plazos en la construcción del Palacio de Deportes de Miribilla, no habrá opción de un aforo mayor. El público ha dado su espaldarazo con su presencia, apoyo y economía, dado que hubo que rascarse el bolsillo en la conversión en SAD amén de los abonos anuales.
Seis derbis
Comprobar el efecto narcotizante del deporte en relación a otros ámbitos del día a día no es nada nuevo. Los políticos son conscientes de ello y ahora no hay convocatoria de enjundia del club rojillo en la que falten las cabezas visibles de la provincia. El Gipuzkoa Basket, al menos, contó en directo en su 'play-off' de ascenso con su jerarquía política al completo. Lo uno lleva a lo otro y en San Sebastián se sabe perfectamente el camino recorrido en Bilbao con destino a la ACB. Las murallas que aquí ha costado, a veces, derrumbar más de lo esperado e incluso de lo lógico, en la otra capital vasca ni siquiera se han levantado en algunos casos.
Tres equipos vascos en la ACB. ¿Pierde alguien? Seis derbis, gloria divina para una afición ávida de partidos especiales. La sinergia forzará corrientes favorables ya que, en estas condiciones, quedaría muy feo quedarse atrás por no hacer como el vecino. Quizá tuerza el gesto quien durante tantos años -con gran mérito- ha abanderado en exclusiva el baloncesto en el País Vasco hasta colocar su ciudad, Vitoria, en el epicentro del baloncesto europeo. Todas las miradas eran para el TAU y ahora alguna se escapará en dirección a La Casilla o Illumbe. También alguna subvención podría bajar su intensidad, aunque su seguro para ello, su condición diferenciadora, sea su participación en la máxima competición continental. Y contra eso nada se puede ni debe decir. Las jerarquías están por algo.
El abrazo de Ereaga refleja el talante de unos y otros. Amigos y felices de haberse conocido, ahora, en estas nuevas circunstancias. Competidores desde la colaboración, el entendimiento y respeto. En el tercer partido contra León en el Gasca, Vidorreta encabezó la delegación bilbaína. Antes, casi se podría hablar de Santos y el técnico Porfirio Fisac como asiduos en La Casilla. En el tercer encuentro en León, tres cursos atrás, nadie. Al día siguiente, una llamada procedente de la otra plaza ACB para verificar la dirección del club para el envío de un protocolario telegrama de felicitación. Sencillamente, diferentes.
A los donostiarras les queda el último puerto, hacer frente a tantos ceros dirigidos a las arcas de la ACB. Arrinda sabe lo que conseguirán. Santos, ni se lo plantea y prefiere hablar del presupuesto a manejar. La mejor de las noticias será realidad. Ya somos tres.