Jürgen Klinsmann tiene un sueño que comparte toda Alemania y que aspira a convertir en realidad el 9 de julio en Berlín: el seleccionador de fútbol quiere conquistar el cuarto título mundial para su país y repetir así la hazaña de Frank Beckenbauer, que fue campeón como jugador en 1974 y como seleccionador en 1990. El mítico 'kaiser', presidente del comité organizador, alberga otro deseo que comparte la canciller, Angela Merkel: los dos esperan que el campeonato, que se inicia el próximo viernes en Munich, dé alas a la economía germana y obre el milagro de impulsarla hacia un crecimiento sostenido que devuelva la energía a la locomotora europea. Los indicios son favorables.
El motor de la principal potencia de la UE vuelve a carburar. La actividad avanzó a un ritmo del 2,9% en el primer trimestre, una cifra sin precedentes en lo que va de siglo y que contrasta con el modesto 0,9% con el que cerró el pasado año. Las exportaciones -el gran pulmón de Alemania- siguen pujantes por la buena salud de la economía mundial; la industria aumenta sus inversiones en bienes de equipo al otear un horizonte despejado, la construcción comienza a despertar... Y, sobre todo, el consumo de las familias -el gran talón de Aquiles- ha despegado por fin. En parte, por el clima de optimismo que se ha apoderado del país en los últimos meses, que ha hecho olvidar la recesión de 2003 y que ha aumentado aún más por la celebración del Mundial. En parte, por el alza del IVA -del 16% al 19%- que entrará en vigor en enero y que ha aconsejado a los ciudadanos comprar ahora todo tipo de artículos -electrodomésticos, coches, viviendas...- que en apenas unos meses serán gravados con más impuestos.
Las esperanzas de Merkel y de Beckenbauer tienen una base real. Según el banco estatal Postbank, la presencia de las 32 selecciones nacionales hará posible la creación de unos 60.000 nuevos empleos, situará en torno al 2% el incremento del Producto Interior Bruto (PIB) y facilitará una inyección extra de 10.000 millones de euros en inversiones permanentes.
Alemania será visitada por más de un millón de turistas, que gastarán, según cálculos oficiales, unos 1.800 millones. La industria electrónica no esconde su alegría cuando revisa sus volúmenes de venta. El fabricante de televisores de pantalla plana Loewe ha disparado un 38% sus ventas en el primer trimestre. El grupo de prendas deportivas Adidas ya calcula con ingresos de 1.200 millones de euros, un 50% superiores a los que obtuvo en el mundial anterior.
Mejor en el Este
Todavía no esta claro que Klinsmann pueda hacer realidad su sueño. La mayoría de los germanos cree que la selección no llegará hasta la gran final. Pero si las estadísticas que han sido publicadas en los dos últimos meses en el país demuestran tener un asidero real, los sueños de Beckenbauer y Merkel están predestinados a convertirse en una alegre realidad que puede revivir al gigante enfermo de Europa y sacarlo del largo letargo que vivió en el pasado.
Por ejemplo, el índice IFO, que todos los meses mide la confianza empresarial del país, registró en marzo un récord histórico al alcanzar los 105,4 puntos. El máximo anterior data de abril de 1991, cuando el país estaba inmerso en el 'boom' de la reunificación.
«La recuperación económica continua estabilizándose», sentencia el presidente del instituto IFO, Hans-Werner Sinn, quien destaca que el optimismo se había extendido a casi todos los sectores. Los mejores resultados se han registrado en el Este, subraya.
La euforia de los empresarios no es gratuita. Hace un mes, los seis principales institutos económicos alemanes -entre ellos, el propio IFO- destacaron en su informe de primavera que el país se encuentra al borde de un nuevo auge que puede acabar con las miserias que convirtieron a la principal potencia europea en un gigante enfermo. El país se halla en «una fase de fuerte expansión», señalaban, mientras pronosticaban un crecimiento del 1,8% para el presente año, el doble que en 2005 y el nivel más alto desde 2000. Además, vaticinaban que la actividad cobraría impulso conforme avanzara el ejercicio. Otras instituciones son aún más optimistas.
Un posterior informe del influyente grupo de investigación de mercado GfK constató que los alemanes habían recuperado la alegría a la hora de comprar, un entusiasmo que no se registraba desde 2000. «Con el fin del largo invierno, el ánimo de los consumidores ha mejorado de forma extraordinaria», señaló al dar a conocer el resultado de una encuesta realizada en mayo. «El optimismo de los ciudadanos tiene varias causas, entre las que cabe destacar la confianza en el nuevo Gobierno y los acuerdos salariales alcanzados en el sector metalúrgico y en la industria electrónica (aumento del 3% más una prima de 310 euros)», añadía el estudio.
A la ofensiva
La catarata de buenas noticias para la economía alcanzó el pasado miércoles un clímax inédito cuando el paro registró el mayor descenso en un mes desde la unificación. «Se trata de un bajón sorprendente», constató el presidente de la Agencia Federal de Empleos, Frank Jürgen Weise, al anunciar que el organismo había contabilizado 245.000 desocupados menos que en abril y 349.000 menos que hace un año.
La Oficina Federal de Estadísticas tampoco quiso quedarse al margen y anunció la pasada semana que el PIB había mejorado un extraordinario 2,9% en el primer trimestre, el mayor ritmo de expansión en seis años.
En vísperas del Mundial, el repentino auge de Alemania se podría explicar utilizando un símil de táctica futbolística: después de vivir durante años a la defensiva, pasó a la ofensiva. Los germanos han perdido su tradicional pesimismo y, alentados por el 'milagro Merkel' -la canciller y su Gobierno de gran coalición han dotado de una extraordinaria confianza al conjunto del país-, están recuperando su fe en el futuro.
Berlín, por ejemplo, luce con orgullo su nueva estación de ferrocarril y en poco años tendrá otro aeropuerto que cambiará el rol de la ciudad en Europa central. Pero también hay algo más. La industria alemana, que ostenta con orgullo el título de campeón mundial de las exportaciones, está haciendo el negocio de siglo gracias al alto precio del petróleo. Cada vez que suben el barril de crudo y del gas -un factor que descontrola el presupuesto familiar-, aparece la expresión «reciclaje del 'petrodólar'» en los análisis coyunturales de las grandes empresas. Países productores como Rusia, Noruega e Irán invierten grandes sumas del dinero que obtienen con sus ventas en países industrializados como Alemania
Varios botones de muestra: las exportaciones alemanas a Rusia aumentaron el pasado año un 53% con respecto a 2002; las destinadas a Noruega, un 23%; las de Irán, un 97,8%; y las de Qatar, un 88,2%; pero bajaron un 30% las dirigidas a Irak.
El «reciclaje de los 'petrodólares'» tiene una importancia crucial. Según los expertos, un aumento de 10 dólares por cada barril de petróleo le cuesta a la economía europea un 0,2% de crecimiento económico en el primer año y un 0,3% en el segundo. Un aumento de las exportaciones a los países productores, como es el caso de Alemania, ofrece la posibilidad para compensar e incluso superar esa pérdida.