El tripartito catalán no pudo soportar incólume el desgaste del complicado reto estatutario, asumido desde el minuto uno de la legislatura y, a pocos kilómetros de la 'estación término' -el referéndum del 18-J-, estalló en pedazos con la expulsión de los seis consejeros de Esquerra. La decisión de los independentistas de prestar oídos a las bases del partido y pedir el 'no' para el Estatut en lugar del voto nulo que propugnaban en principio -propiciando así el fulminante divorcio de sus socios de PSC e ICV- ha sido sólo la última y definitiva tormenta de un proyecto «catalanista y de izquierdas» que, a decir de numerosos analistas, se ha quedado llanamente en «desastre».
«29 intensos meses, desgraciados y dignos de un episodio de Mr. Bean, ese tipo gafe que lo hace todo siempre rematadamente mal». Así lo glosaba en 'La Vanguardia' hace unas semanas el articulista Francesc-Marc Álvaro. Para unos, la clave está simplemente en la sucesión de errores, frivolidades y salidas de tono de los protagonistas; para otros, el fracaso latía ya en origen en el acuerdo entre socialistas y republicanos, y en la inesperada victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero, que hizo posible una negociación con la que muy pocos contaban y que por lo tanto no estaban preparados para gestionar. Sea como fuere, el gran beneficiado de las sucesivas crisis del tripartito ha sido aquel a quien la lógica política había deparado las peores cartas en la partida: el nacionalismo de Artur Mas, hoy en situación halagüeña e inimaginable al comienzo de la legislatura, máxime tras haberse convertido en artífice del nuevo texto legal tras su pacto con el presidente del Gobierno. Pese a todo, los socios no descartan dar una segunda oportunidad a la fórmula, que no reproduzca, eso sí, el 'vía crucis' por capítulos de su primer 'matrimonio'.
CAPÍTULO 1
Carod Rovira en Perpignan
La noticia saltó en 'ABC' el 26 de enero de 2004, un mes largo después de la toma de posesión del flamante tripartito y, por primera vez en su corta vida, removió el Govern hasta los cimientos. La reunión, confirmada después por el líder de ERC y por la propia ETA -aunque ambos negaron que hubieran alcanzado acuerdo alguno y mucho menos el cese de los atentados en Cataluña-, se había producido el 4 de enero en Perpignan. Los jefes etarras 'Mikel Antza' -hoy en prisión- y 'Josu Ternera' -en paradero desconocido y considerado artífice del alto el fuego del pasado 22 de marzo- participaron como interlocutores de la banda; al otro lado de la mesa, Josep Lluís Carod-Rovira -entonces 'conseller en cap' de la Generalitat-, y su acompañante, un jurista militante de ERC.
La fortísima crisis desatada por el viaje de Carod a Francia, agravada en febrero con el anuncio de una tregua parcial para Cataluña, enfrentó por primera vez al PSOE y a su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, con Pasqual Maragall y el PSC. El todavía candidato a la Presidencia del Gobierno se vio obligado a pedir la cabeza del consejero jefe sin contemplaciones y dejar así 'vendido' y sin margen de maniobra al president. Destituido de su responsabilidad como 'número dos' del Gobierno, Carod permaneció fugazmente en el Ejecutivo como conseller sin cartera, pero finalmente optó por renunciar y 'vestir' su salida con el anuncio de que encabezaría la candidatura de ERC al Congreso, aunque no llegó a tomar posesión de su escaño.
CAPÍTULO 2
El Carmel y el tres por ciento
El 27 de enero de 2005 se derrumba un túnel de maniobras de la línea 5 del metro de Barcelona. El hundimiento de una vivienda obliga a desalojar a más de un millar de vecinos. El 31 de enero el Ayuntamiento derriba otro edificio afectado y el 3 de febrero se descubre que el socavón se prolonga por debajo de uno de los inmuebles del barrio de El Carmel. La Generalitat aprueba con el Consistorio un programa de regeneración de la zona afectada y la declara área extraordinaria de rehabilitación integral. Pero no podía prever la crisis política e institucional que se avecinaba, un terremoto al calor del desastre.
En el pleno extraordinario convocado para tratar el asunto -en el que el conseller de Obras Públicas, Joaquim Nadal, se vio obligado a aceptar las dimisiones de dos de sus cargos de confianza-, Maragall acusó al anterior Ejecutivo de CiU de cobrar comisiones del 3% de las constructoras y le achacó así la responsabilidad en el 'caso Carmel'. «Ustedes tienen un problema y es el 3%», fue la famosa frase. Una querella por injurias de la federación nacionalista contra el jefe del Ejecutivo, la consecuencia inmediata.
Después llegó la moción de censura del PP y la pública petición de excusas de Maragall por sus «excesos verbales». CiU retiró la querella al considerar «suficientes» las disculpas.
CAPÍTULO 3
La corona de espinas
Es el episodio histriónico por excelencia del atribulado devenir del tripartito -«una estupidez que no venía a cuento», en palabras de un arrepentido Maragall-, que trascendió lo anecdótico y provocó las protestas de, entre otros, la Conferencia Episcopal y los franciscanos custodios de Tierra Santa, indignados por lo que consideraron una «burla» y una falta de respeto a los creyentes. El president y -de nuevo- Carod Rovira se dejaron fotografiar, sonrientes, mientras Maragall tomaba a su vez una imagen del líder independentista tocado con una corona de espinas en Jerusalén.
No fue la primera estridencia del jefe del Govern y su séquito en su viaje oficial a Oriente Medio hace justo un año. Los incidentes con las banderas se llevaron también su parte del león. Carod se negó en primer lugar a asistir a un homenaje al asesinado Isaac Rabin porque en el lugar ondeaba la bandera española y no la 'senyera'; después, los servicios de protocolo del Govern retiraron de una corona una cinta con la enseña española y un funcionario de la embajada en Tel Aviv retiró otro adorno con la bandera de España en la ofrenda que realizó el president en el museo del Holocausto. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos atribuyó ambos 'deslices' a «errores de floristería».
CAPÍTULO 4
De recaudador a efímero conseller: el 'caso Vendrell'
Xavier Vendrell pasará a la posteridad -junto a Manel Balcells- como el más efímero conseller de la historia de la Generalitat. Su nombramiento a mediados de abril pasado amplificó aún más los ecos de la segunda crisis del Gobierno catalán, que Maragall se vio obligado a precipitar para intentar salvar a un tripartito agonizante y tratar de agotar la legislatura, empeño que después se reveló infructuoso.
Esquerra se jactaba entonces de haber logrado imponer en el equipo de Maragall a Vendrell -hombre de Joan Puigcercós-, un nombre que únicamente sonaba bien en su propio partido tras el escándalo de las cartas financieras. Sólo un mes antes, había salido a la luz el envío de misivas desde la dirección de ERC a decenas de empleados de la Generalitat para exigirles, bajo amenaza de despido, el pago de una cuota mensual a una entidad vinculada a la formación republicana. El responsable directo, como secretario de Organización y Finanzas del partido, no era otro que Vendrell, que vio cómo a rebufo de la polémica se desenterraba su pasado como activista en la organización terrorista Terra Lliure. Su mandato al frente de Gobernación -departamento en el que sustituía a Joan Carretero, que provocó otro pequeño terremoto al llamar «españolista demagogo» a Zapatero- duró apenas veinte días.
CAPÍTULO 5
El 'no' de Esquerra: el tripartito se descompone
Aunque se veía venir, el acuerdo tripartito que logró desbancar a CiU del poder quedó definitivamente fulminado el pasado 11 de mayo, a poco más de dos semanas del inicio de la campaña del referéndum. Pasqual Maragall expulsó entonces a los seis consejeros de ERC del Gobierno y anunció la convocatoria de elecciones anticipadas, que se celebrarán probablemente en noviembre. Era la única salida que le quedaba al president tras la decisión del partido independentista de pedir el 'no' al Estatuto.
Aunque intentó suavizar el trago con la oferta de mantener en sus puestos a los técnicos y a los cargos de confianza de los consellers, Esquerra se negó en redondo. El propio Maragall, acuciado ahora por las dudas sobre su continuidad como candidato del PSC, ha reconocido que su Ejecutivo está en situación precaria y sólo aspira a llegar en la mejor condición posible al final del viaje.