En 1991, con 25 años, ya llevaba los mandos de un avión de pasajeros; como copiloto, siempre bajo la mirada de un superior. De una plantilla de 2.000 pilotos de Iberia, solamente el 3%, 65, son mujeres. Elena Wrana forma parte de un porcentaje aún menor: el 0,4% de comandantes con nombre de mujer. Cuando ascendió, en 2002, fue la tercera. Hoy son 8. Pilota un 320, capaz de transportar entre 150 y 200 pasajeros.
-¿Qué aparato quisiera pilotar?
-Éste, me parece divertido.
-¿Un avión, divertido?
-A mí me sigue divirtiendo mi profesión. No me gustan los madrugones, ni ciertas cosas, pero me divierte resolver problemas, manejar el aparato, aterrizar, despegar... En un avión grande, se hace una vez a la semana; yo, en éste, cuatro veces al día.
-¿Qué tripulación lleva un 320?
-Comandante, copiloto y cuatro auxiliares de vuelo; uno de ellos, el sobrecargo.
-¿Qué hacen durante el vuelo?
-Antes de que empiece, preparamos la cabina, nos coordinamos y tenemos que planificar el vuelo. Y hay franjas críticas: desde que sales del párking hasta que llevas 5 ó 10 minutos de vuelo. Luego, mientras estamos en crucero, se pone el piloto automático.
-¿Y sacan la baraja de cartas?
-No, eso en mi tiempo libre. Hacemos el seguimiento del vuelo, coordinamos el siguiente, miramos la meteorología...
-¿Da información al pasaje sobre las condiciones del vuelo?
-Sí. No llevamos carga sino personas y todos nos sentimos más tranquilos cuando tenemos información.
-Y cuando el pasaje oye que es una mujer... ¿pánico a bordo?
-No creo, y si así fuera, me defenderían los auxiliares. No se por qué pero me defienden más que yo misma.
-¿Qué quería ser de pequeña?
-Conductora de un camión. Siempre he tenido afán por moverme. Mientras estudiaba arquitectura, mi madre me dijo que había encontrado lo que yo quería, los estudios de aviación. Pensé que no me cogerían porque pedían el servicio militar. Tuve dudas: te hacen sentirte tonta, siendo mujer parece que seas más torpe. Quedé cuarta y entré en la primera promoción.
-¿Ha tenido algún accidente?
-Vientos, tormentas, que te hacen sentirte insegura... En esos momentos la adrenalina funciona muy bien y te permite tomar tierra sin problemas.
-¿Ha sentido miedo?
-Alguna vez, pero pocas. No me ha pasado nunca nada, salvo en los simuladores, y sigo superándolos.
-¿Ha encontrado rechazo?
-Cuando entré, algunos eran reacios a considerarme en la escala. No ha sido fácil. He tenido que demostrar que hacía el trabajo como los demás para que comenzaran a valorarme. He tenido que demostrar más y luego he vivido de las rentas, se vuelven más protectores. Es como si tuvieras que pasar el examen hasta llegar a ser de ellos. Después, te asocian al clan y te protegen. Yo no necesito protección, pero ellos necesitan darla.
-¿Qué se siente al estar todo el día en el cielo?
-A veces pienso que tengo la mejor oficina del mundo, con los mejores atardeceres y amaneceres. La naturaleza sigue sorprendiendo.
De bajo coste
-¿Cómo se transmite serenidad a un equipo?
-Siendo tú mismo sereno.
-¿Los comandantes son déspotas?
-Ha habido esa tendencia, pero como ahora vienen de escuelas civiles hay más afán de cooperación.
-Cuando va de turista, ¿cómo viaja?
-Con el cinturón. En la cabina hay dos puestos que llamamos los del tripulante extra y solamente pueden ser ocupados por pilotos. La tripulación puede asignarles tareas de seguridad y, si hay problemas, tienen la obligación de ayudar.
-¿Viajaría en compañías de bajo coste?
-Depende. De algunas compañías no me fío. En otras se plantean problemas de retrasos y nadie acude a la sala de espera a ofrecer las compensaciones establecidas por ley.
-¿El avión sigue siendo el medio más seguro?
-Yo me siento muy segura haciendo mi trabajo y viajo mucho.
-¿Ha visto algún fenómeno extraño?
-No, he visto cosas, pero siempre he pensado que podían ser meteoritos. Nunca he visto ningún objeto haciéndome señales.
-¿Es más fácil creer en Dios cuando se trabaja en el firmamento?
-No sé, desde luego yo no creo en sus delegados aquí en la tierra. Necesitamos creer en algo, en algunos valores. Yo sigo creyendo en mi propia voluntad.
-¿Dónde le pilló el 11-S?
-En Santiago de Chile, desayunando, vestida con el uniforme y a punto de meterme en la cabina para pilotar. Cuando se estrelló el segundo, ya vimos que era un avión comercial.
-¿Hay aeropuertos más difíciles?
-En España, muchos. Bilbao y San Sebastián no son fáciles y con el viento empeoran. Fácil es Sevilla. Y otros, como Niza o Venecia, son como portaaviones, porque están en terrenos ganados al mar.
l.m.odriozola@diario-elcorreo.com