Se puede estar por la paz sin ambages, asumiendo riesgos y hasta con una mano en la nariz para no oler la putrefacción de las inmundicias que siempre salen a flote en un proceso de este tipo.
Ahora bien, una cosa es el pragmatismo político, las conveniencias tácticas o los 2.000 'Ave Marías' por la paz, y otra bien distinta la asnería y la fatuidad de algunos miembros de una Unión de Actores que más bien parecen los actuarios de una unión circense. Y conste que no lo digo por el premio a la plataforma formada por políticas vascas nacionalistas, socialistas y batasunas, sino únicamente por su decisión de entregarle una rosa blanca como galardón conjunto a Jone Goirizelaia, un ser humano bondadoso y extraordinario, cuya gran aportación moral e intelectual a la paz y al entendimiento entre todos los vascos ha consistido en no condenar nunca la violencia, es decir, en callar, callar y callar cuando mataban a cientos de ciudadanos, vascos o no.
Con ello se ve que los grandes cerebros de nuestro panorama artístico y cinematográfico no han encontrado mejor representación de la voluntad de paz de los vascos que la singular trayectoria de Madame Goirizelaia, un formidable ejemplo político para la posteridad venturosa de nuestro pueblo. Pero muy bien, Pilar Bardem, porque hasta yo mismo estoy dispuesto a perdonar, si bien mucho me gustaría que, antes de eso o de recoger una rosa blanca, la mirífica Goirizelaia me prometiera que ella y sus afines no van a dar más el pasaporte a nadie.
Teatro
La moda de los musicales
A nadie se le oculta en esta contemporaneidad española repleta de operaciones triunfo y de clubes de la comedia, que los grandes éxitos teatrales siguen siendo musicales de vocación anglosajona o de orientación más o menos retro y 'hit parade'. Lo digo pesaroso, sí, porque los datos de taquilla en los teatros españoles informan del triunfo de la música sobre el texto y de la comedia sobre el drama. Además, lo malo no es que en España el teatro de texto, el de los diálogos inteligentes, el de la dramaturgia reflexiva o el que nos hace pensar esté siendo relegado por el público, sino que el musical más demandado es o bien el importado o bien el que no tiene más trama que el soniquete de una docena de canciones superventas.
Ahora bien, en esto no somos los únicos, ya que en el West End y en Broadway lo que se lleva es la adaptación de alguna película exitosa, el musical retro de los 40 ó los 50 y la obra construida sobre la imagen y las canciones de Lennon, Earth, Wind and Fire y Johnny Cash. Algo lógico, por otra parte, cuando el cine y el teatro tienen que competir ahora con los sistemas de cine en casa, las descargas y las transmisiones en vivo de Internet. Muy parecido a lo que pasa en España, salvando las distancias, donde ha triunfado el pesado recuerdo de los Mecano y la Torroja, el musical importado y calcado en su versión original o el espectáculo español medio revisteril. Fuera de eso, la contemporaneidad dramatúrgica sólo ha encontrado público para los monólogos chistosos de un urbanismo cutre que también cansa. ¿Qué aburrimiento!
Creación
Perfumes
Dicen que los perfumes y la música son artes intangibles, creaciones sutiles que provocan sensaciones, emociones. Por ejemplo, el J'Adore de Dior con la imagen de Charlize Theron en la publicidad ofrece notas olfativas que inducen a pensar en la sensualidad, en una voluptuosidad que sirve para singularizar y singularizarnos. Casi lo mismo que una secuencia de notas musicales en una ópera de Puccini o en otra de Rossini, donde la orquesta puede evocar tanto la tragedia del desamor, como el gozo alegre del amor.
Música y perfumes, por lo tanto, como creaciones sutiles que también pueden relacionarse entre sí, intercambiando emociones y hasta pasiones. Algo de esto intentó en su tiempo el compositor ruso Alexander Scribiain en la interpretación de su obra 'Misterio', cuando proyectaba diferentes colores al tiempo que pulverizaba perfumes de acuerdo con las diferentes escalas musicales. Y algo parecido, también, a lo que va plantear el próximo 14 de junio en San Sebastián Agustí Vidal, maestro perfumista y director de la Coral Polifónica de Granollers, en una experiencia organizada por Ibermática para vincular el olfato con la imaginación, la innovación, la singularidad y la excelencia.
Agustí domina los perfumes, ya que es el creador de una fragancia de Verino, pero también la música coral, lo cual es una garantía para encontrar un formidable paralelismo entre un aroma básico que evoca una sensación concreta y una composición musical que por igual induce a sentir miedo, alegría o pena.