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Domingo, 4 de junio de 2006
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'Dos en la Carretera'
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Cualquier pareja que decida iniciar su convivencia debe ver 'Dos en la carretera', el más ácido y amargo retrato del matrimonio jamás surgido de Hollywood.

Stanley Donen firmó en 1967 su trabajo más ambicioso y personal, una reflexión sobre el carácter abrasivo de la unión conyugal bajo la apariencia de una comedia romántica. Un matrimonio en crisis, Albert Finney y Audrey Hepburn, repite el viaje por la Provenza y la Costa Azul en el que se conocieron y enamoraron. Donen construye el filme sobre elegantes, casuales saltos adelante y atrás en el tiempo durante cuatro etapas de su vida. Alain Resnais ya lo había hecho poco antes en 'El año pasado en Marienbad'.

«¿Quiénes pueden sentarse en la misma mesa durante horas sin hablar?», pregunta ella al comienzo. «Los matrimonios», zanja él. 'Dos en la carretera' rezuma sofisticación: los sesenta en Saint Tropez, melodías de Henry Mancini, Hepburn vestida por Givenchy y Rabanne Pero resulta demoledora en su visión de una pareja a la que el paso del tiempo ha anulado la pasión. Son más felices sin blanca desayunando de gorra en un 'chateau', que a bordo de un Mercedes descapotable cuando él ha triunfado como arquitecto.

Donen se atreve a convertir en adúltera a la virginal Hepburn. Y osa mostrar al rudo Finney más preocupado por su carrera que por sus hijos. ¿Puede agarrarse un matrimonio a la nostalgia para seguir unido? Si es cierta esa definición tan cursi de la melancolía como la alegría de estar triste, 'Dos en la carretera' logra que gocemos al constatar el carácter efímero de la pasión.



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