«¿Qué tal, niños y niñas! ¿Sabéis que el comandante en jefe es tan guay que incluso tiene su propio iPod? ¿Es verdad! Mirad la lista de los éxitos patrióticos». Así de entusiasta empieza el portal Whitehouse.org, que nada tiene que ver con el oficial de la Casa Blanca, acabado en .gov, pero que comparte el objetivo de uno de sus apartados: ofrecer información gubernamental en lenguaje «patrióticamente orientado a la juventud».
Si bien es del todo dudoso que George W. Bush tenga en su aparato de música portátil canciones como 'Killing an Arab', de The Cure, o 'We are the champions', de Queen, como sugiere la falsa lista, cada vez resulta más creíble que el presidente oiga a estos grupos. Las pocas veces que su asesor Mark McKinnon ha ofrecido pistas sobre los contenidos del iPod presidencial, éstas han servido para atestiguar que para Bush la música se acabó en los 80, junto con su adicción al alcohol y su conversión al metodismo. El consultor mediático de Bush lo sabe de buena tinta, porque él mismo se ocupa de descargar la música del presidente. Dice que la elige mayormente de su colección personal, pero que cuando tiene que bajar algo de la Red lo hace legalmente a través de iTunes, porque en esto de la música y de ser 'guay' Apple ha ganado la batalla en Washington.
En el de la primera dama abunda la música clásica y los libros en audio, mientras que la secretaria de Estado Condoleezza Rice se pirra por Aretha Franklyn, y el oscuro vicepresidente Dick Cheney... Bien, lo mantiene en la oscuridad. Y no porque no se lo hayan preguntado. En un vuelo de trabajo a Oriente Medio, Cheney acaparó el único enchufe disponible para cargar su iPod, mientras que los desesperados periodistas tuvieron que aguardar pacientemente para escribir su crónica. Claro, que como el avión era suyo, nadie pudo refutárselo.
La afición por el reproductor de mp3 más pintón del mercado debe de ser una de las pocas cosas en las que conservadores y demócratas están de acuerdo. De hecho, el ex vicepresidente y ex rival de Bush Al Gore no sólo tiene el último modelo sino que participa forma parte del consejo de dirección de Apple, y encima ha montado un canal de cable orientado a la juventud.
No basta con estar al día, hay que estar a la moda y ser políticamente correcto. Después de que se le criticasen carencias como la de los Beatles y la exclusividad de hombres y blancos, en la última actualización la Casa Blanca incluyó a la legendaria banda británica y a la favorita de Rice. El iPod que le regalase su hija Jenna es su favorito del pedal en esos maratones en bicicleta con los que se mantiene en forma. En cuanto salió a la venta Bush lo cambió por el iPod shuffle, que elige los temas aleatoriamente y le evita tomar decisiones. El fuerte del presidente está en la música country -Dixie Chicks están excluidas desde que dijeran en Londres avergonzarse del presidente-, pero en su lista oficial también se encuentran viejos rockeros como Johnny Winter, Van Morrison, Bryan Adams y Eric Clapton.
El rock, en EE UU, es el estilo favorito de las masas, y los conservadores no aceptaban perder esa batalla. Por eso la revista 'National Review' apareció esta semana con una lista de las 50 grandes canciones de rock que la derecha estadounidense puede cantar a pleno pulmón, sintiendo sus letras como si fueran himnos a sus propios valores. El escepticismo de muchos ha sido mayúsculo al encontrarse con grupos rebeldes como The Who, The Rolling Stones, Sex Pistols, Metallica, Led Zeppelin, The Clash, Iron Maiden, Aerosmith o Scorpions, por mencionar algunos, pero todo depende de cómo se interpreten sus letras.
El autor de la lista, John Miller, admite que su selección es «arbitraria» y «está llena de sorpresas», pero que ha hecho un esfuerzo en incluir variedad. «¿Quién dijo que la diversidad no es un principio conservador?», se defiende. Muchos de esos artistas, como los Rolling Stones, que en su más reciente disco dedican una canción crítica al Gobierno de Bush llamada 'Sweet Neocon', han sido especialmente ácidos con los conservadores de EE UU, pero Miller dice, condescendiente, que no se los ha tenido en cuenta.
Para Miller, el diablo de 'Sympathy for the Devil' aconseja el relativismo moral y trata de hacerte pensar que «todos los policías son asesinos/ Y todos los pecadores santos». Pero la prueba concluyente de que los conservadores pueden ver en él a los liberales es que en la canción en la que se reconoce detrás de todas las maldades de la historia, desde la crucifixión de Jesucristo, admite haber inspirado la revolución comunista en la antigua Rusia.
El crítico de rock Dave Marsh se debate entre la risa y la desesperación cuando se le pide que aclare las ambigüedades de la legendaria banda de rock. «Estamos corriendo el grave peligro de tomarnos a Mick Jagger en serio, y eso es algo que no he hecho desde que amenazó con disolver la banda», apunta. ¿Entonces sí me lo tomé en serio! Para Marsh, los conservadores estadounidenses están «desesperados por encontrar música respetable que puedan reclamar como propia, y Ted Nugget no es su tipo», dice del guitarrista, que pertence a la directiva de la Asociación Nacional del Rifle. «Lo absurdo de esta lista es que las canciones que deberían haberse adjudicado simplemente no se han puesto tan de moda, así que han buscado cualquier sutileza y la han retorcido como han podido. Y ahora que lo pienso, eso es exactamente lo que hacen durante la campaña electoral», reflexiona sobre la marcha.
Pese a su criticismo, Marsh concede cierta legitimidad a la controvertida lista que ha dado la vuelta al mundo en una semana. 'The Taxman' (El recaudador de impuestos) recoge fidedignamente la antipatía de los republicanos por la hacienda del Gobierno federal, y su autor, el ex Beatle George Harrison, no ocultó su conservadurismo. Como le ocurriese también a Mike Love, cantante de The Beach Boys, cuya canción 'Wouldn't it be nice' es alabada en la lista de 'National Review' como un cántico a la abstinencia sexual y el sagrado vínculo del matrimonio.
Tampoco pone reparos al número uno de la lista, 'Won't Get Fooled Again' (Que no te engañen de nuevo), tema en el que la banda The Who se muestra desilusionada por los resultados de las revoluciones ocurridas en los 60. «No hay nada en las calles/Que me parezca nuevo/ Sólo se han reemplazado los slogans/ Conoce al nuevo jefe/ El mismo viejo jefe de siempre», dice la canción.
Townshend, atormentado
El guitarrista Pete Townshend asegura no haber tenido en mente ningún mensaje político a la hora de escribir esta canción que ahora se convierte en bandera del rock conservador, pero parece sentirse tan atormentado por la interpretación que ha puesto una larga explicación en su web titulada 'Won't Get Judged Again' (No se me juzgará de nuevo), en juego de palabras con el nombre de la canción (www.petetownshend.co.uk). Sus tribulaciones son tan complejas que Miller considera que incluso amplía el mensaje conservador que él había observado, y hasta Marsh le da la razón, a su manera.
«Si decir que las revoluciones son complicadas es un valor conservador, entonces estamos de acuerdo», admite por fin el crítico. Lo que más le desespera a Marsh es que no haya elegido a los pocos rockeros que se declaran conservadores, o a aquellos como Bon Jovi, «que un año hacen campaña por Bush y el otro por Clinton». Su explicación es que «realmente no saben nada de esta música, sólo conocen los grandes éxitos».
El analista político de 'National Review' admite que el rock no es conservador por naturaleza, pero entiende que entre los millones de canciones que se han escrito hay algunas, como las que cita, que responden eminentemente a sus valores. Y si la izquierda reivindica algunas de estas canciones será porque «todos llevamos un pequeño conservador dentro», asegura. Por su parte, el rockero convertido a crítico está convencido de que «si algo une a los rockeros es que no son serios en política. Y cuando a veces lo son, dan miedo», avisa.