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Martes, 6 de junio de 2006
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VIZCAYA
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«El monte no puede ser de nadie para que todos puedan disfrutarlo»
Mientras unos temen por su ganado, otros sólo piden que el plan no incluya carreteras
«El monte no puede ser de nadie para que todos puedan disfrutarlo»
DESCANSO. Fidel García y su sobrino Miguel Ángel, en un momento de la subida.
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Hace años, los pastizales abundaban y el ganado campaba a sus anchas por las laderas del Pagasarri. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. Fidel García lo sabe. Hace casi medio siglo que se dedica a la cría de vacas en Arraiz, aunque, desde que se casó, vive en San Justo.

Traspasa la barrera y sube a pie el camino hacia la cima acompañado de su sobrino Miguel Ángel y sus seis perros de faena, pero por su cabeza sólo pasa una cosa: «Estoy de acuerdo con que protejan más el monte, pero también tengo miedo por mí. Muchos han dejado el ganado al no tener pastos donde alimentarlo y las cosas van a peor», reflexiona. El futuro lo ve «complicado» y no tiene reparos en decirle a Miguel Ángel, de 30 años, que se busque otro trabajo. «No merece la pena que siga mi mismo camino», reconoce.

José Luis y Jesús no saben de ganadería ni tampoco viven en la cima del Pagasarri, pero la conocen como si fuese su casa. Mejor incluso que muchos que viven en sus faldas. «Es ya una tradición», aseguran. Algo que les ha acompañado toda la vida. Ayer tampoco faltaron a la cita.

Mayor seguridad

«¿Un parque no significará que nos van a poner carretera!», exclamaban. «¿Es de las pocas cosas que terminarían con lo que significa el Paga y acabaría convirtiéndose en otro Artxanda!». Para esta pareja de 'mendizales' lo importante es «conservar lo que tenemos», y ayudar a fomentar lo que se pierde. «Debería repoblarse con más árboles autóctonos», puntualizaba Jesús, de 66 años.

A José Luis, la idea de que el futuro parque natural contribuya a fomentar el turismo le suena demasiado lejana. «El que sube al monte es porque le gusta, para impulsarlo deberían poner algo más en la cima. Lo que hay (señala a la vista, las mesas y los bancos) no resulta atractivo para todo el mundo», reconoció.

Desde su casa en Larraskitu, José Antonio tiene claro que hay trabajo por hacer. Motoristas que andan por zonas prohibidas y personas que se cuelan por sitios privados son sólo un ejemplo. Para él un buen comienzo sería aumentar la seguridad. Según concluyó, «de esta forma, quizá aquellos que se creen que el monte es suyo se paren a pensar que nada es nuestro, pero que podemos disfrutar todos de él».



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