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Miércoles, 7 de junio de 2006
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OPINIÓN
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Demagogia, la justa
Y el presidente Zapatero volvió a 1998. Al mismo año del engaño al que se refieren habitualmente todos los críticos, reservados y escépticos que acogieron, de entrada, con tanto entusiasmo aquella tregua y que vieron y sufrieron el horror de la ruptura de ese intervalo que arrojó una sangría de atentados. Pero el presidente no eligió esa fecha para decir que había aprendido de los errores cometidos, entonces, por quienes no se enteraron de que ETA les estaba tomando el pelo. No. Su referencia, adornada con resúmenes de prensa de la época, iba dirigida a la lealtad con la que todos los partidos políticos se mostraron en torno al gobierno de Aznar.

Pero el mismo Zapatero se había dado cuenta que en las últimas horas el estado de opinión se le estaba volviendo en contra. Porque es difícil pedir apoyo cuando no se da información puntual al principal partido de la oposición (mantener a Duran i Lleida al cabo de la calle, está bien, pero no es suficiente, presidente). Porque, después de la triquiñuela parlamentaria de la semana pasada esperar a que un confiado Rajoy apenas hablara del fin de la violencia para anunciar, después, su galimatías sobre la paz, la política y la negociación al mismo tiempo) y el anuncio de Patxi López del inicio del diálogo con Batasuna, no parece creíble un gobierno que se mantiene en que no sólo no miente sino que es tan transparente que, además, da información.

Quizás por eso, Zapatero quiso intervenir ayer en el hemiciclo. Hacía tiempo que no se realizaban declaraciones grandilocuentes sobre la verdad, la justicia y la paz. Y ahí estaba el presidente, que, a la defensiva, y poco después de haber oído el reproche que le había dirigido Rajoy -«usted no es la ley: usted no está por encima de la ley»- afirmó, sin que le temblara la voz, que las reuniones que va a mantener Patxi López con el partido ilegalizado de Otegi «no vulnera ningún precepto y no tiene ningún efecto jurídico». A ver quién es el crítico que, con la venia, le lleva a contraria.

Los del PP no ocultaban su preocupación. El flemático Astarloa decía que el actual gobierno estaba echando por tierra todo lo que se había avanzado en la lucha antiterrorista (¿alguien habla de eso, ahora?) y que si le va poniendo las mesas que pidió Otegi en Anoeta, les está dando razones y alas. Y el entorno de ETA con alas . así, sin anestesia, parece peligroso.

La argumentación de la mesa extraparlamentaria comparándola con la Mesa de Ajuria Enea se cae por su propio peso. Ni estaba la Batasuna de entonces, ni estaba ilegalizada y, sobre todo, no era una mesa para cambiar el cambio jurídico político. La de ahora, sí. Puede que los interlocutores socialistas no se quieran dar por enterados. Pero desde Batasuna se recuerda con insistencia que se equivocan quienes piensen que se va a tratar de intercambiar paz por presos. Así es que demagogia, la justa.

t.etxarri@diario-elcorreo.com



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