El Correo Digital
Miércoles, 7 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
TOROS
Morante pesca una oreja
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
LAS VENTAS
Cinco de Moisés Fraile -1º, 3º y 5º, con el hierro de El Pilar, y 2º bis y 6º, con el de su nombre- y un sobrero, el 4º, y ya cuarto sobrero, de Hato Blanco (Campos Peña).

Enrique Ponce, silencio en los dos. Morante de la Puebla, bronca y oreja de petición no mayoritaria. Serafín Marín, silencio y ovación.

1ª de la Feria del 75º Aniversario. Lleno. Calor.

Publicidad

Salieron diez toros. Cinco de los seis toros que murieron en la arena fueron de Fraile, que había puesto de partida siete: cinco del hierro de El Pilar, de la procedencia Raboso, y dos del de su propio nombre, uno de ellos sobrero, y de procedencia Lisardo los dos. Los cinco de El Pilar se lidiaban por delante. El lisardo cerraba corrida. Al primero de corrida le costó empujar. Ponce lo sobó de capa más de la cuenta. El trasteo tuvo bronca de fondo de los reventadores habituales. Ponce mató en los bajos.

Al segundo, menos toro que los demás, le dedicaron miaus. Aún frío, derribó en la primera vara al relance. Estaba romaneando en una reñida segunda cuando asomó el pañuelo verde. La decisión, precipitada, marcó la corrida. El sobrero de MF salió lamiendo tablas. Lo lidiaron sin calma ni criterio, Morante se afligió, tiró por atajo, dejó seco al toro y la gente se puso de uñas.

El tercero galopó con clase, empujó en un severo primer puyazo y salió batido de una segunda vara. Gastado y en parte rendido, el toro no llegó al tercer muletazo. Serafín Marín lo tuvo en la mano con buen pulso, pero el intento de torear para dentro fue demasiada exigencia para el toro. Luego, vino una cabalgata de un cuarto toro devuelto sin razón y de tres sobreros, que parecían parte de un plan para dinamitar la corrida. El cuarto titular fue devuelto tras tres varas.

Probablemente, el presidente se sintió rehén del sector denunciante. El que era ya segundo sobrero, de Juan Manuel Criado, enterró pitones y fue como si se partiera el cuello. Al corral. Tercer sobrero fue uno de Ana María Bohórquez, de preciosas hechuras. Se derrumbó al cabo de varios galopes. Fuera de juego. Y salió un cuarto sobrero de Hato Blanco, que llevaba de sobrero unos cuantos días y lo acusó. Murió pegando coces y coces. Ponce se aburrió y probablemente pensó que qué hacía allí aguantando tanto chaparrón.

El quinto fue inmenso y de calidad. Morante le halló el cómo. Al hilo del pitón y hasta fuera del cacho, Morante compuso la figura. La mayoría se sintió embriagada por la aparente gracia dislocada del torero de la Puebla. Gran estocada. Oreja muy protestada. El sexto se deslumbró en banderillas y atacó fijo. Serafín lo templó. Hubo runrún de faena mayor, pero se pasó de metraje. La faena perdió gas. Por alguna razón, el cansancio tal vez, la gente dejó de latir. Un pinchazo, un metisaca en los bajos. Y se acabó.



Vocento