Pocos futbolistas pueden presumir de un palmarés plagado de ascensos y celebraciones. Lluis Codina, sí. Lleva cinco en trece años de carrera profesional. El ex jugador y todavía socio del Alavés, la pareja albiazul del no menos celebérrimo Manolo Serrano, festeja con el Nástic el último, el más reciente, el que devuelve al club de Tarragona a Primera 56 años después.
Antes, Codina ya contribuyó a la devolución del Alavés a Segunda (1995) y más tarde a Primera (1998), pero entonces no tuvo ocasión de debutar en la máxima categoría. Ahora, después de dos ascensos a Segunda y uno a Primera con el Gimnástic en un lustro, al atacante de Taradell, uno de los capitanes de la plantilla, le llega el momento. Por ahora, el momento de esperar. Con 33 años, ya en el ocaso de su carrera, el fútbol le da una segunda oportunidad. Pero la decisión de que se estrene en Primera no le compete a él. Acaba contrato y aguarda a lo que determine el club sobre su futuro.
«Mi idea es seguir jugando. Me veo muy bien, con ganas, en forma y rápido, con la ilusión de siempre». La que ya gastaba en el Alavés con 20 años. «Debutar en Primera sería la guinda. Pero tampoco me obsesiona, ni quiero desilusionarme después. Siempre he pensado que cada momento es el que te mereces y el que te toca vivir». La filosofía de la modestia, la de un tipo tranquilo, que desde la nobleza y la timidez se ha hecho querer donde ha jugado: en Vitoria, en Leganés y en Tarragona.
Talismán
Niega que su condición de ascensor, de futbolista siempre ubicado en el piso de arriba, sea talismán en el vestuario. Los éxitos los atribuye al grupo. «He jugado en equipos ambiciosos», sostiene. Y no le queda más que «dar gracias al fútbol» por tantos momentos de satisfacción.
El último de gratitud lo vivió al volante de su coche, parado en un semáforo. Un automovilista cincuentón se puso a su altura y le dijo: «'Lluis, no sabes lo feliz que has hecho a nuestra generación'», relató Codina a EL CORREO. Tarragona no contaba con este trance de gloria, con cinco décadas y media de tardanza.
Cuando acabe la Liga de Segunda, la familia Codina regresará como cada verano a su casa, Vitoria, para descansar y si se da el caso, renovar su carné de socio del Alavés. La Primera le espera y, si no, pues un equipo que aspire a subir, que le fiche. Con él, la meta está asegurada.