Existe una ligera inquietud, por el momento muy lejana a la alarma, en el entorno de Rafael Nadal por su rendimiento físico. Las casi cinco horas del partido contra Paul Henri Mathieu, en la tercera ronda, rompieron todos los planes del equipo del mallorquín. Las previsiones iban en la línea de lo ocurrido el año pasado.
Nadal llevaba en 2005, a estas mismas alturas de la competición parisina, un total de 8 horas y 36 minutos en pista después de haber disputado 13 sets (12 ganados). Sin embargo, en contra de todo lo esperado, el manacorí se presenta hoy a partir de las doce de la mañana en los cuartos de final siendo el jugador que más tiempo ha pasado en la cancha tras los cuatro primeros encuentros.
En total ha estado en acción 12 horas y 15 minutos, casi cuatro más de las previsibles, y ha completado 14 sets (12 vencidos). Contrasta este esfuerzo extra del español con la velocidad de Roger Federer, que ha jugado durante 10 horas y 41 minutos, pero para alcanzar las semifinales, es decir en cinco partidos, uno más que el español, para completar 16 sets (15 ganados).
La incógnita es aún más inquietante cuando las señas de debilidad han sido leves, pero patentes. El propio tenista reconoció que el segundo set contra Hewitt se le escapó por la fatiga. No es habitual que el balear sufra estas bajadas de régimen, aunque resulten fugaces.
Cambio de programación
Su tío y entrenador, Toni, reconocía que se habían visto obligados a variar la programación de trabajo. «No esperábamos que jugara durante tanto tiempo, pero son imponderables. Las cosas vienen así y hay que resignarse. Hemos reducido la carga física, entrenamos mucho menos y más suavemente. Ya hemos entrenado bastante en los partidos, para aumentar el tiempo dedicado a la recuperación».
Para empezar, a Nadal se ha pegado como una lapa el médico de la Federación española, Ángel Ruiz Cotorro. «Nos está ayudando a coordinar la recuperación», explica el preparador del tenista. Ayer su preocupación se centraba en los isquiotibiales de la zona posterior del muslo derecho del tenista, resentidos por la sobrecarga. La primera medida fue entrenarse muy suave. Unos peloteos -con el pie, que el fútbol es su gran pasión y de paso desintoxica del tenis- con una pelotita roja que le acompaña a todas partes. En total, sólo una hora. Unas vueltas al trote, cuatro sprints a medio gas y unos 40 minutos de raqueta con Emilio Sánchez Vicario, como 'sparring' de lujo. Casi ni corrió. Practicó derecha, revés, volea y 'smash' y se entretuvo un rato en intentar darle en broma un pelotazo al capitán de Copa Davis, que estuvo ágil y se libró.
Además, para paliar el desgaste, se está incidiendo mucho en los masajes -se ha aumentado su número- y los estiramientos. Rafa Nadal durante todo el año se somete a técnicas orientales del tipo del 'do-in' japonés, con influencias del 'shiatsu' y yoga, un tipo de calentamiento previo a un gran esfuerzo que favorece la movilidad articular.
El entrenador confía en que su pupilo esté ya plenamente repuesto para su partido de hoy contra el serbio Novak Djokovic. «Le hemos visto jugar bastante. Es muy bueno y nos sorprendía que no estuviera más arriba en el ranking. Yo creo que es un jugador para destacarse como uno de los mejores del mundo».
En la actualidad, el balcánico ocupa el puesto número 63. Es un hombre de fondo de pista con una muy buena gama de golpes. Tiene 19 años y en ese sentido el de Manacor lleva ventaja, porque se ha mostrado implacable con los de su generación. Hace tres temporadas que no pierde con ninguno. Además de la semifinal, el triunfo tendría un premio añadido para Rafa Nadal pues le aseguraría la segunda posición mundial.