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Miércoles, 7 de junio de 2006
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POLÍTICA
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La bisagra del no nacionalismo
Ciutadans de Catalunya, que se constituirá como partido en julio, nace con vocación de facilitar gobiernos liberados «del chantaje nacionalista» y aspira a extenderse a Euskadi
La bisagra del no nacionalismo
INTIMIDADOS. Independentistas radicales ya increparon a Albert Boadella y boicotearon uno de los actos de Ciutadans de Catalunya en diciembre pasado. / EFE
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En una de las cenas en las que poco a poco se fue gestando la plataforma Ciutadans de Catalunya, el escritor y periodista Arcadi Espada decidió poner a prueba a sus contertulios y amigos y tratar así de dar respuesta a la sempiterna pregunta sobre la orientación ideológica del colectivo, en las viejas categorías de la derecha y la izquierda. «Pregunté quién estaba a favor de los matrimonios homosexuales y todos levantaron la mano. Pregunté por la investigación con células madre y lo mismo. Todos estaban a favor también de la escuela pública. Pero cuando abordé las cuotas en política o la conveniencia de utilizar la Guerra Civil como argumento electoral, nadie estaba de acuerdo».

Espada ilustra con esta anécdota el carácter peculiar de Ciutadans, que, aunque sobre todo aúna a intelectuales desencantados del socialismo y se declara completamente «a favor de la izquierda en términos liberales», se autodefine como «hija de la transversalidad y la renovación» y se propone dar cabida «a todos aquellos que desde posturas democráticas no comulguen con la ideología nacionalista» y defiendan «la diversidad, el respeto a las minorías y el derecho a discrepar» como pilares irrenunciables.

De hecho, son varios los aspectos atípicos de la plataforma, que se constituirá como partido los próximos 8 y 9 de julio, apenas tres semanas después del referéndum sobre el Estatut del 18 de junio, y concurrirá a las elecciones autonómicas catalanas, que se celebrarán con carácter anticipado el próximo otoño. Pese a la inminencia de su nuevo estatus, Ciutadans no tiene aún decidido quién o quiénes serán sus líderes -el 'alma mater' del Els Joglars, Albert Boadella, y Espada se autodescartan en principio- ni qué formato tendrán sus cuadros dirigentes, aunque el colectivo imagina más bien en su cartel electoral «un conglomerado de rostros, poco nítidos además», para potenciar así su carácter eminentemente ciudadano. La renovación y oxigenación de los modos habituales de hacer política -darán la batalla por las listas abiertas o la elección de diputados de distrito, por ejemplo- es otro de los rasgos distintivos de la nueva formación, cuyo ideario promulga al ciudadano como único sujeto de derecho, defiende la libertad e igualdad «como principios heredados de la Ilustración» y proclama el laicismo, el bilingüismo real y la Constitución española y, sobre todo, su principio de que la soberanía reside en los ciudadanos españoles y, añade Ciutadans, «no en las comunidades autónomas».

Pero su característica más visible y su propia razón de existir es su posición contraria al nacionalismo. «El origen de Ciutadans está en el hartazgo del hartazgo. Un elemento coyuntural en nuestra decisión de movilizarnos es la decepción que nos provoca el tripartito, y los extremos de mezquindad nacionalista a los que es capaz de llegar. El PSC se convierte en heredero corregido y aumentado del nacionalismo, no es que sea su cómplice y aliado, es que es el nacionalismo en sí mismo. No nos sentimos representados por ninguno de los partidos presentes en el Parlament y decidimos hacer la prueba del algodón», expone Espada, uno de los fundadores del grupo.

De hecho, en su manifiesto fundacional de junio de 2005 -firmado por quince intelectuales catalanes, entre los que destacan, además de Espada y Boadella, los escritores Félix de Azúa, Xavier Pericay y Horacio Vázquez Rial y el jurista Francesc de Carreras- la plataforma ya constataba que Cataluña «ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas» y acusaba al hoy roto Gobierno de Pasqual Maragall y a sus socios de ERC e ICV de «propiciar el conflicto permanente entre las instituciones políticas catalanas y españolas e, incluso, entre los catalanes y el resto de los españoles». También reprochaba a ese -según su visión-, nacionalismo post-pujolista de nuevo cuño que hubiera sumido a Cataluña en la «decadencia» política, cultural y económica.

Si bien sus dardos van dirigidos sobre todo contra el PSC, cabe preguntarse por qué el PP tampoco acaba de convencer a los integrantes de Ciutadans -que fueron galardonados por la Fundación Gregorio Ordóñez- siendo el partido que, hoy por hoy, coincide con la mayoría de sus planteamientos. La razón es sencilla: no consideran «de fiar» a una formación que «sólo» mantiene su actual discurso «cuando está en la oposición». «A veces se olvida por parte de la izquierda que el PP no es ese animal fantasmal que puede parecer, es un partido que ha pactado con el nacionalismo vasco y con el catalán», razonan.

Estabilidad amenazada

Y si algo tiene claro la plataforma es que ellos «jamás» gobernarán con el nacionalismo. De hecho, su estrategia pasa por convertirse en un partido 'bisagra' que pueda facilitar gobiernos populares o socialistas liberados «del chantaje nacionalista» ya que, en su opinión, esa es la única opción capaz de garantizar una estabilidad que ven amenazada. Y aspiran a lograrlo no sólo en Cataluña, sino también en Euskadi, Andalucía o Madrid. Aunque no prevén fundar con esos mimbres un partido de ámbito estatal -la ley D'Hont limitaría mucho sus posibilidades- sí pretenden funcionar con idéntico impulso en diferentes comunidades e imitar así la forma de proceder del nacionalismo al asociarse, por ejemplo, en Galeuscat.

De hecho, Ciutadans -que habla de un «potente» movimiento ciudadano en Sevilla o Málaga- confía en que sus «amigos» vascos del PSE ubicados en el llamado 'redondismo' -el propio Nicolás Redondo, Rosa Díez o Maite Pagazaurtundua- reaccionen de manera «inmediata», den un paso similar al suyo y abandonen el socialismo vasco para constituirse como partido ciudadano. La plataforma reconoce estar inspirada en movimientos constitucionalistas vascos como Basta Ya o Foro Ermua, si bien estos colectivos nunca dieron el salto a las urnas. «Lo entiendo, es muy difícil pensar con la pistola en la nuca», dice Arcadi Espada.



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