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Jueves, 8 de junio de 2006
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UN PEQUEÑO RESPIRO. Nadal 'gozó' de un partido breve tras una semana y media de intensos derroches en París. / REUTERS
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Todos los grandes éxitos de Rafa Nadal han sido erigidos a modo de pequeñas catedrales. Nadie le ha regalado nada. Ha tenido que ir poniendo piedra a piedra para construirse una pasarela hasta las finales y los títulos de su palmarés. Esta sensación de que la fuerza del mallorquín se afianza en el trabajo y la paciencia se agudiza en la arcilla. Por eso, triunfos como el de ayer sobre Djokovic se agradecen. Que con un gasto mínimo en forma de abandono te abran las semifinales -contra el peligroso Ivan Ljubicic mañana- es un regalo de los dioses.
 
 

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