 VOLUNTAD. El Cid recibe con la muleta al segundo de su lote. / EFE |
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| LAS VENTAS |
Un primer toro de Jandilla (Borja Domecq), único que resistió de los del hierro anunciado. Dos -3º y 5º- de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile), de buenas hechuras. El tercero fue de más a menos; el quinto, de temple y bondad extraordinarios; un primer sobrero de Moisés Fraile -2º-, noble; un tercer sobrero -4º- de José Luis Pereda, tardo pero bravo; y un segundo sobrero -6º- de El Torreón (César Rincón), de caja y cuerna anchas, bravucón.
César Rincón, silencio tras aviso en los dos toros. El Cid, silencio tras un aviso y saludos desde los medios tras un aviso. Sebastián Castella, ovación y silencio.
Corrida de la Beneficencia. Lleno. Muy caluroso. Los Príncipes de Asturias, en el Palco Regio, recibieron el brindis de los tres primeros toros. |
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Turbio espectáculo. Lo pusieron bajo mínimos Rincón y El Cid en sus dos primeros turnos. Rincón lidió con abusiva morosidad al primero de Jandilla. De Jandilla debería haber sido la corrida completa, apalabrada en invierno por la Comunidad. Sólo tres de los toros reseñados pasaron. De esos tres, uno, de excelente aire, segundo de corrida, se desgració por la divisa, que llevaba prendida en mal lugar. Se devolvió. El otro jandilla, tercero, fue saludado con miaus desproporcionados. Al palco le pesó la presión de ambiente y sacó el pañuelo verde.
El único jandilla que sobrevivió a tanta escabechina fue el primero, que dejó al descubierto el nerviosismo de Rincón. Una banderilla caída y otra delantera, el desorden de la cuadrilla y el terreno cedido por el matador. El toro se defendió, pero al ataque y estuvo a punto de irse. Gran despropósito fue pasarlo de muleta en toriles.
El Cid mató luego un serio sobrero de Moisés Fraile. Cobró mucho en el caballo. Pronto en banderillas, el toro sacó la elasticidad del encaste Lisardo. Rincón y su gente habían tratado al toro como si estuviera pregonado. En el turno de El Cid no llegó a tanto, pero sus dos banderilleros de brega se pasaron más de media faena con más de medio cuerpo fuera de los burladeros. La punta de un capote reclamaba al toro más que la muleta de El Cid, que, pálido, nervioso y del todo incompetente, tuvo que escuchar algún recado nada amable.
Pese a que la prestación de los dos toreros consentidos fue tan de mínimos, ni Rincón ni El Cid sintieron la menor mortificación desde los sectores agrestes de la plaza. Cuando salió Castella, asomaron la cresta los que estuvieron hasta entonces punto en boca. Por un error de lidia de Curro Molina se fue al limbo de los toros devueltos el tercer jandilla. Luego, en decisión que resultó desafortunada, Castella hizo correr turno y saltó de tercero bis el previsto como sexto. De Puerto de San Lorenzo eran los tres que completaban corrida. Este de Castella fue el de menos fuerza. Lo protestaron antes de verlo. Parecía que Castella se iba a comer a Rincón, que salió derrotado, y a El Cid.
Naufragio de Rincón
Castella abrió faena. Quedó volcada la plaza. Sólo pasajeramente. El diestro se salió a los medios, el toro repuso por flojo y ni Castella pudo enterrarse de pies como suele ni el toro quiso por la mano izquierda. El remate previo a la igualada, entre rayas, fue primoroso. Una estocada baja.
El cuarto, del Puerto hizo cosas buenas. Rincón parecía decidido a que se devolviera el toro y lo logró. El sobrero de Pereda, ya fuera de programa salió de interés. El torero merodeó sin poder ni taparse. Un naufragio. El quinto, que fue el toro de la corrida, estuvo a punto de ser devuelto. El Cid y su gente pusieron su grano de arena. Se salvó el toro. El diestro lo entendió. Faena de mucho metraje. Sobraron los excesos de toques por fuera o con el pico y faltaron recursos para igualar al toro cuando pedía la muerte y faltó, en fin, pasar con la espada.
Después apareció un torazo sobrero de El Torreón que no regaló nada. Castella estuvo firme, pero sin pensar del todo ni qué hacía ni qué convenía hacer. Por si acaso salía algo, los reventadores le recordaron que estaban todavía en el garito de guardia y entonando por lo bajini el `No pasarán!