El Ayuntamiento de Abadiño ha decidido hacer frente a una oleada de robos de las tapas de las alcantarillas de la localidad. La sustracción de más de un centenar en lo que va de año ha llevado a la Administración a soldar las tapas para «evitar que desaparezcan de nuevo», según informó ayer el alcalde del municipio, Javier Uriarte. Los ladrones aprovechan la noche para apropiarse de estas cubiertas, que pesan entre 30 y 50 kilos, para luego «venderlas como chatarra», explicó.
Los robos se han intensificado en los últimos meses y se han centrado en los polígonos industrialles. Ante la última oleada detectada en el complejo de Astola, «donde han desaparecido casi todas las tapas, y después de que el pasado mes de mayo arrasaran el polígono de Trañapadura de Matiena», los responsables municipales han optado por soldar las cubiertas para evitar nuevos robos y garantizar la seguridad de los transeúntes. Con esta actuación se pretende evitar la caída de algún vecino.
El alcalde de Abadiño es consciente de que tan drástica medida obligará «a utilizar una rotaflex» para la apertura de las alcantarillas, «pero es la única opción que nos dejan», apuntó. Javier Uriarte mantiene la esperanza de que las «grabaciones de una cámara de vídeo de una empresa en la que se recogen los robos» puedan ayudar a la Ertzaintza en el esclarecimiento de la investigación que mantiene abierta.
Según detallaron desde el Ayuntamiento de Abadiño, esta práctica se ha extendido a otros municipios de la comarca, como Atxondo y Berriz. La alcaldesa de esta última población, Rosa María Ostogain, admitió su preocupación por los robos. «Tendremos que buscar una solución al respecto, porque no podemos andar reemplanzando las alcantarillas constantemente», manifestó. La renovación del centenar de cubiertas sustraídas hasta el momento en esta localidad ha supuesto el desembolsado de unos 6.000 euros, al igual que en Abadiño.
Los dos municipios, además, se han visto afectados también por el hurto de señales de tráfico. En el caso de Abadiño, la cifra sustraída se eleva ya a una treintena, mientras que en Berriz ronda la docena. «Creemos que el fin es el mismo, venderlas como chatarra», adelantaba Uriarte. «Al parecer se paga bien y supuestamente los ladrones lo venden fuera de Euskadi, por lo que es muy difícil controlarlo», añadió la alcaldesa de Berriz.