La txapela representa «una seña de identidad propia» que diferencia a los policías municipales bilbaínos o a los ertzainas, por ejemplo, de otros cuerpos policiales, defiende Félix Cuadrado, agente local y especialista en historia de la guardia urbana. De hecho, la evolución de los tocados ha marcado la uniformidad de la guardia urbana, desde el gorro napoleónico, pasando por el sombrero apuntado, los quepis, el salacot o el casco de circulación, este último el más duradero. Pero si alguno refleja la tradición vasca, es la boina roja, que se incorporó en 1983. Antes, desde 1891, los integrantes del servicio nocturno la habían usado en color azul o negro. Una chapa de latón en el centro llevaba grabadas las iniciales GM (Guardia Municipal).
Sin embargo, en el día a día en las filas de la Policía local moderna, tiene poco éxito. Mientras los mandos recuerdan a la plantilla que forma parte del uniforme, los agentes se quejan de que les da calor, especialmente en verano y cuando van en el coche-patrulla, y de que resulta incómoda. «Estamos hasta el gorro de la boina», resumía con ironía un agente de la guardia urbana. Tanto es así, que los jefes han llamado al orden a algunos policías que han salido a la calle con viseras tipo americano a las que le han colocado un escudo de Bilbao. «Algunos policías nacionales o la Brigada Móvil de la Ertzaintza las llevan, pero son unidades especiales», sostiene Manu Zarragoitia, jefe de la Policía bilbaína. Motivo de reproche también ha sido lucir pines o chapas sobre el traje oficial.
Por lo demás, han pasado a la historia las sanciones por llevar el pelo largo o pendientes. En los reglamentos de la Guardia Municipal de 1861 se especificaba como causa de amonestación y reprimenda el ser «desaseado en su persona o vestido» y se recordaba a los guardias que «cuidaran la compostura en su porte».