Íñigo quiere mostrar su solidaridad con el compañero agredido en Bilbao. Él estuvo en su «pellejo» hace casi un año. «Llega el verano y hay que echarse a temblar, parece que se pone de moda agredir a quien trabaja en el sector servicios», sostiene. Su odisea empezó a las diez y cuarto de la noche del día 30 de junio del año pasado en la marquesina de la calle Elcano de Bilbao. Seis menores que intentaban viajar gratis hasta Loiu le dieron una paliza cuando se enfrentó a ellos.
Estuvo un mes de baja con un esquince de tobillo y contusiones en pecho y codos. «Lo revives todo, te viene a la memoria cada secuencia», confesaba ayer. Su lema vital ha cambiado: «Todo el mundo es malo hasta que se demuestre lo contrario», y trabaja «con un ojo al volante y otro en la nuca».
Denuncia penal y civil
Desde entonces, «que yo sepa no se ha tomado ninguna medida. ¿Dónde quedaron las buenas palabras de los dirigentes?», se pregunta. «No es cuestión de poner un vigilante en cada autobús, pero las mamparas podrían ser una solución, aunque repercuta en el trato con la gente. Es más importante nuestra seguridad, ¿no?».
Su agresión derivó en una denuncia penal y otra civil. Uno de los chicos considerado autor, de origen magrebí, fue trasladado en un primer momento a Aragón, donde recibió un curso de reinserción. «Como volvió a las andadas, al cabo de tres meses le repatriaron, así que no hay caso, mientras no vuelva y reincida no se reabrirá», le han explicado.