Evitaremos cargar las tintas contra el plantel estelar de la jornada inaugural del 18º Getxo & Blues, montado sobre un descampado pedregoso cuando a dos metros se dispone de una superficie lisa y asfaltada ideal. Tras el cuarto de hora de calentamiento a cargo del combo de acompañamiento The King Bees, unos mantas de Carolina del Norte (guitarrista orondo y rubicundo, bajista madurita y rubita, típico baterista afro y obeso), salieron a escena padre e hijo, Lurrie y Carey Bell, aquél vestido con traje blanco de payaso listo y éste con traje azul de cuadros gordos entre Muddy Waters y El Tío Tom, y la cosa no despegó.
Carey, leyenda de la armónica, buscó el protagonismo al empezar con soplidos prístinos a lo Little Walter, pero pronto se cansó, se sentó en un taburete, dejó relucir un rostro cansado y asqueado capturado en primer plano por la digital de un espectador cercano, y se largó a la francesa antes de acabar y, luego, en el segundo tema del bis (el feble 'Sweet Home Chicago'). Su hijo Lurrie, hacha depresivo que ha vivido cual 'sintecho', no pilló el punto y la ortodoxia durmió incluso a sus escuderos. Lo mejor, el 'Sweet Little Angel' de B.B. King, pero por destacar algo.