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Domingo, 11 de junio de 2006
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VIZCAYA
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Un aniversario con clase
Centenares de personas se acercaron ayer a Elorrio para admirar coches clásicos y antigüedades en el VI Mercado Cultural
Un aniversario con clase
RELIQUIAS. Un niño juega junto a uno de los coches antiguos. / FOTOS: JULIO CALLEJA
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Elorrio se engalanó ayer con la elegancia de los coches antiguos que estacionaron en su plaza. La vistosidad de las joyas sobre ruedas consiguió que el público acudiera a la sexta edición del Mercado Cultural, que ha contado con la colaboración de EL CORREO. «Ha sido todo un éxito, tanto por el número de participantes como por el de visitantes», valoró Agustín Urizar, uno de los organizadores de la muestra, enmarcada en los actos del 650 aniversario de la fundación de la villa.

Sin duda, la pieza más admirada fue un 'Rolls Royce Silver Wright Limousine del 54' «como el que utilizó el príncipe en su boda». Había quien pedía que se abriera el capó para comprobar el estado del motor o las puertas que daban paso a un lujoso interior, con minibar y mesita para los pasajeros y una reluciente placa con la marca del carrocero: H.J. Mullmer & Co. Ltd. London. «No hay dos 'rolls' iguales porque aunque la casa se ocupaba del chasis, cada carrocero adaptaba el coche a los gustos del comprador», explicó su orgulloso propietario, Luis Mari Bizkarra.

«Probablemente, este coche vale tanto como todos los demás juntos», especulaba uno de los aficionados. Aunque no se hablaba de dinero, algún coleccionista apuntaba que a partir de cuatro millones de las antiguas pesetas se podía adquirir y arreglar alguno de la treintena larga de coches expuestos.

Cada vehículo tiene su historia. Así, la camioneta totalmente restaurada por Agustín Lazpiaur, la compró en 1928 un vicepresidente de los Ferrocarriles Vascongados. Más tarde, pasó a la empresa textil Lasagabaster de Bergara. «Cuando fue recuperado tras la guerra, estaba tan mal que lo reconvirtieron en camioneta para repartir telas y carbón. Los letreros de los lados fueron obra del pintor Agustín Arrieta», relató Lazpiaur.

Herencia familiar o gangas compradas en desguaces, los coches expuestos tienen en común el mimo que sus dueños ponen en su cuidado y reparaciones: «Apenas encuentras piezas y tienen muchos achaques, así que todos somos un poco 'manitas'», comentaba Javier Álava, dueño del coche más antiguo de la muestra, un 'Citröen 5 CV' amarillo de 1923 con el que había llegado desde Vitoria. Y es que a pesar de su vistosidad, sus dueños coinciden en señalar que «no son para enseñarlos, sino para disfrutarlos».

La pasión por la carretera era compartida por los propietarios de las 'Harley Davidson' que estacionaron junto al monumento a los errembombillos. Aunque la estética del cuero negro y los motivos metálicos rompían con el ambiente general, ellos también reclamaban, en palabras de Víctor Garachana, el adjetivo de «clásica» para «la reina de las motos». Su flamante 'Dina Superlide' descansaba frente al vehículo de dos ruedas más antiguo de la muestra: una bicicleta con un motor incorporado a la rueda delantera, la 'Velosolex' de Orbea fabricada de 1958.



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