El juez Grande-Marlaska y Gorka, su marido, (se casaron en octubre, opción muy propia de un juez) se fueron de Euskadi porque estaban hasta las narices de este ambiente enrarecido en el que todo gira en torno a si eres o no eres nacionalista, en torno a si eres vasco o español o si se puede ser ambas cosas a la vez o si se puede ser vasco sin ser nacionalista. Un matrimonio que conozco pasó la muga y se fue a vivir a otra comunidad autónoma para mantener los lazos con su tierra natal y, al tiempo, no preguntarse cada mañana al despertar: '¿Soy vasco?'. Su salud mental mejoró mucho. Ser vasco se ha convertido en una tarea agobiante que absorbe una ingente cantidad de energía y dedicación intelectual. Hay quien se empeña en definir la realidad en términos excluyentes y quien se esfuerza en explicarla, asediando obsesivamente los mitos fundacionales y los tópicos infundados, las leyendas y las biografías, los complejos y los relatos. Al final, todos andamos dando vueltas por el laberinto, encerrados en el estrecho espejo del solar primigenio y el linaje sagrado. Esta obsesión tan española por los ascendientes es una de las energías térmicas que alimentan el nacionalismo vasco. Ser vasco en España no era cualquier cosa. Era proceder de un linaje sin tacha, sin mezcla de sangre judía o mora. Era tener reconocida la hidalguía universal (cosas del Antiguo Régimen, donde no había derechos humanos, sino derechos del señor y el linaje lo era todo). Sobre estos cimientos puso Sabino su nación racial, católica y monolingüe. Sobre ellos se quiere construir hoy la nación étnica, ideológica y monolingüe. Para el nacionalismo vasco más abierto, el español y el francés son también lenguas de Euskalherria, consideración muy prudente, porque si no deberían renunciar a los territorios que se romanizaron. La solución totalitaria preconiza la re-euskaldunización del país. El problema es que no son los territorios los que hablan, sino las personas. La vasca solía ser una identidad compatible con otras; era pertenecer a lo que hoy se llama 'nación cultural', algo que encajaba en las grandes naciones históricas. Actualmente, para muchos vascos no se puede ser vasco y español a la vez. En cambio, cualquier español concede que se puede ser a la vez español y vasco. Hace años, solicité el pasaporte británico. Se me advirtió que las autoridades del Reino Unido no consideraban incompatible aquella nacionalidad con cualquier otra, pero las autoridades españolas no me reconocerían la doble nacionalidad. Juzgue el lector cuál es la actitud más abierta y mejor adaptada a un mundo de identidades múltiples, mestizas y concéntricas, como es el mundo real en cuanto rebasa las dimensiones de la tribu.