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Martes, 13 de junio de 2006
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CULTURA
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Las curvas de Zaha Hadid
El Guggenheim de Nueva York dedica una muestra a la diseñadora del nuevo Zorrozaurre, la mujer más importante en la historia de la arquitectura, que apuesta por las formas sensuales
Las curvas de Zaha Hadid
COCINA DEL FUTURO. Según Hadid, con monitores electrónicos e Internet.
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TRAYECTORIA
Zaha Hadid nace el 31 de octubre de 1950 en Bagdad (Irak).

A partir de 1972, estudia en la Architectural Association de Londres. El holandés Rem Koolhaas le da clases y luego la contrata en su estudio.

En 1976 firma su primer proyecto, un puente habitable sobre el río Támesis.

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La vida de la gente no se desarrolla en líneas y ángulos rectos, sino por medio de curvas, espirales, subidas y bajadas, pasos adelante y atrás. Si esto es así, ¿por qué la arquitectura, que tiene como misión servir a las personas, tiene que usar la geometría tan seria y aburrida de los rascacielos? Con este planteamiento todo un grupo de profesionales quiso derribar los edificios cúbicos y abstractos, y empezaron a crear formas curvas, imaginativas y sensuales.

La obra de Frank O. Gehry, desde principios de los años noventa, pertenece a esta corriente, lo mismo que la de Rem Koolhaas y la de su alumna Zaha Hadid, la arquitecta del nuevo Zorrozaurre y de la futura sede de Eusko Tren en Durango, a quien el museo Guggenheim de Nueva York le dedica una muestra hasta el 25 de octubre.

La exposición cubre los treinta años de trayectoria de esta mujer, la más importante en toda la historia de la arquitectura, premio Pritzker en 2004 y nacida en Bagdad en 1950, en un momento en que Irak miraba con curiosidad la cultura de Occidente. Proyectos, pinturas y muebles se reúnen en el edificio neoyorquino diseñado por otro arquitecto, Frank Lloyd Wright, que apostó las curvas orgánicas y anticipó la tendencia a la que Hadid pertenece.

Así como Gehry comienza con sus dibujos nerviosos, que luego elaboran sus colaboradores en el ordenador, Hadid crea los volúmenes en papel, los pinta de colores y los traslada luego a un lienzo hasta dar con unos relieves que le sirven de maquetas. La iraquí cree en la imaginación. Sus clientes, hasta hace poco, no tanto. En 1977, se licenció en la prestigiosa escuela de la Architectural Association de Londres, trabajó en el estudio de Rem Koolhaas, creó su propia empresa y participó en diversos concursos, pero hasta 1994 no vio terminado su primer edificio, la estación de bomberos Vitra, en la localidad alemana de Weil am Rhein.

El primer proyecto de Hadid anunció que la hoy llamada 'diva de la arquitectura' no pecaba de conformismo. Se trataba de un puente con un edificio de viviendas sobre el río Támesis en Londres. Su tercer trabajo, para el selecto club The Peak en Hong Kong, tampoco se construyó, pero sus arriesgadas ideas hicieron que la profesión le empezara a tomar en serio.

Como otros arquitectos-estrella, la iraquí tiene su propia visión de cómo deben ser las relaciones sociales, fluidas, moldeables, adaptables a entornos siempre en movimiento.

Coches y oficinas

Las entradas, salidas y superposiciones de los volúmenes sus edificios, como los proyectados en Zorrozaurre, obedecen a esta percepción de la complejidad de la vida, imposible de meter en la austeridad de los rascacielos modernistas.

El pasado año se inauguró la planta central de BMW en Lepzig (Alemania), donde la línea de producción de coches se sitúa por encima de las oficinas, de modo que los distintos departamentos de la fábrica se puedan ver entre sí.

Hadid se crió en una casa de Bagdad hecha según las instrucciones de la Bauhaus, la célebre escuela de arquitectura que, en el primer tercio del siglo XX, puso el énfasis en cómo esta disciplina práctica podía transformar la sociedad. La iraquí no aspira a tanto, según dice en sus escritos, pero sí quiere despertar la curiosidad e intensificar la vida.



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