Asier Uriagereka tiene una visión muy positiva de la vida. Su primer profesor de danza, Ion Beitia, le confirmó con 14 años que tenía talento para bailar; desde entonces no ha cesado en su empeño de conseguirlo. A los 18 años se marchó al extranjero para poder mejorar. Desde 2004, es primer bailarín en Les Ballets de Monte-Carlo.
«Cuando vuelvo enriquezco el país: traigo cosas que el público no ha visto», comenta con un acento sin definir, por las múltiples influencias culturales. Uriagereka actuó anoche en el Palacio Euskalduna, y volverá a hacerlo hoy en la primera gala internacional 'Los vascos y la danza', organizada por la recién creada Asociación Bilbao Ballet Elkartea (ABBE).
-Usted no para de bailar. Sin embargo en Euskadi no se conocen sus logros. ¿Da rabia?
-Más que rabia, da pena que no vean el trabajo que hacemos los bailarines de aquí que estamos fuera. Pero da mucho placer cuando vuelves a casa y enseñas tus frutos.
-La gala es una buena carta de presentación.
-Sí, los bailarines que están en esto son grandes profesionales.
-¿Es emotivo bailar aquí?
-Saber que tienes al público de tu parte es una diferencia enorme. Cuando tienes delante a gente que conoces, que piensa como tú... te sientes inmediatamente en casa.
-Pero en Montecarlo recibe el reconocimiento del público.
-Lo que falta en Euskadi es que haya un público de ballet; es decir, crear una cantera como sucede con el fútbol. En Montecarlo la gente nos para por la calle, te dice si les ha gustado o no el espectáculo...
-¿Qué le llevó hasta allí?
-Un estilo de danza. Encontré en mi director, Jean-Christophe Maillot, una forma de pensar, una forma de expresión, tanto intelectual como artística, que me atrapó.
-Estuvo antes en la escuela del Royal Ballet de Londres, en el Ballet de Birmingham... ¿Qué ha aprendido de todos ellos?
-Siempre quise tener una carrera más clásica, pero me he dado cuenta de que en otras técnicas y otras formas de expresión me encuentro más a gusto y me explico mejor.
-Ha trabajado con Nacho Duato, más contemporáneo...
-Es otra forma de expresarse y otras técnicas de danza muy bonitas estéticamente.
-Muchos se quejan de que exista sólo una compañía pública en España con un repertorio limitado.
-Cuantas más compañías mejor, pero no hay que quitarle mérito a la Compañía Nacional de Danza.
-¿Es posible hacer carrera de bailarín aquí?
-Hay mucha gente que lo ha hecho. Han estudiado aquí y, luego, ya de profesionales, les ha apetecido mirar al extranjero para experimentar otras cosas.
-Pero los que se marchan suelen esgrimir que es porque no había más posibilidades. Entonces, ¿cuál es el verdadero motivo?
-Es por una cuestión de calidad en el trabajo. Y porque sientes que en otros países la danza está apoyada por todas las esquinas: por el público, por las autoridades.
El estudio, nuevo hogar
-¿A qué edad decidió dedicarse a este mundo?
-Con cuatro años ya lo sabía. Pero profesionalmente fue a los catorce años cuando mi profesor, Ion Beitia, me dijo que podía hacerlo, que tenía talento y debía dedicar tiempo para trabajar una técnica.
-¿Cuándo abandonó el hogar?
-El hogar lo abandoné en el momento que decidí dedicarme a la danza. El estudio de danza se convierte en tu nueva casa.
-¿En su familia había precedentes?
-No. Mi aita era pelotari profesional en el Deportivo de Bilbao. Y mi hermana Nerea es jugadora del Athletic.
-Profesiones muy variopintas las de su familia.
-Un poco. Aunque la mía es un poco más artística, sigue siendo física y deportiva. El entrenamiento y el enfoque es parecido.
-Además, todas ellas están muy marcadas por la diferencia de sexo.
-Sí (risas). En la danza hay más mujeres a nivel escolar y creo que es por los padres. Suelen empujar más a las niñas a bailar; los niños van por su propia cuenta. Pero en la compañía que estoy somos la mitad hombres y la mitad mujeres.
-¿Fue fácil convencer a sus padres?
-Eso fue lo que más me costó, porque no conocían este mundo. Luego vieron que podía hacer una carrera de ello y me apoyaron. Mis padres siempre han tenido una mentalidad abierta: apoyaron lo mismo a mi hermana futbolista y a mi hermano carpintero...
-¿Ser bailarín es un modo de vida?
-Una vez dentro es como una terapia, porque estás continuamente luchando contra ti mismo, física y emocionalmente.