El BBVA ha pactado la compra de dos bancos regionales de Texas, con los que triplicará su actividad financiera en ese pujante estado norteamericano y acelerará así su apuesta estratégica de expansión en Estados Unidos. El Texas Regional Banc y el State National Bank se unirán así al Laredo National Banc, con el que el Bilbao Vizcaya Argentaria se hizo en septiembre de 2004.
Tras la adquisición de esas dos entidades, el BBVA se convertirá en el primer grupo financiero regional de Texas, detrás de los tres principales bancos nacionales que operan en ese mismo territorio: Wells Fargo, Bank of America y JP Morgan. La suma de sus tres filiales le permitirá gestionar unos activos totales de 9.800 millones de euros, una inversión crediticia de 5.800 millones y unos depósitos de clientes que ascienden a 7.900 millones de euros. El grupo contará con 166 oficinas repartidas por las principales ciudades del estado.
El grupo destacó ayer las notables sinergias que esta operación va a reportar a su actividad en EE UU. La focalización de buena parte del negocio norteamericano en el estado de Texas tiene el objetivo de reforzar los lazos comerciales con los clientes de habla hispana, que en parte se dibuja como una prolongación de la estrategia comercial desarrollada en México, justo al otro lado de la frontera de Estados Unidos. En este país latinoamericano, el BBVA tiene una presencia destacada desde que asumió el control de Bancomer.
Expansión estratégica
El presidente del banco, Francisco González, subrayó que estas incorporaciones suponen un paso importante en una estrategia de expansión en Estados Unidos, «que comenzó hace dos años dentro de una estrategia global». El Bilbao Vizcaya Argentaria incorporó a su consejo de administración, a finales de 2002, al ex presidente de la SEC -el órgano regulador de la Bolsa norteamericana- Richard Breeden
El BBVA va a desembolsar 2.100 millones de euros por la compra de estas dos entidades, ya que el acuerdo alcanzado con sus consejos de administración implica el pago en metálico de la totalidad de las acciones. Un desembolso que financiará, según indicaron ayer fuentes oficiales, con los recursos obtenidos en la venta de dos participaciones significativas. De un lado, el 14,7% del capital de la italiana Banca Nazionale del Lavoro (BNL), operación anunciada en mayo tras el fracaso del intento de absorción de este banco; de otro, el 5,34% de Repsol-YPF. Los títulos de la BNL le han aportado un ingreso de 1.300 millones de euros, con un beneficio de 568 millones. El grupo se desprenderá también de las acciones de la petrolera, pero con un precio ya conocido, que le reportará unas plusvalías de 523 millones y una recaudación de 1.290 millones.
Salida de Repsol
Su presencia en la multinacional hispano-argentina, que hace años fue muy destacada, había experimentado ya una progresiva reducción, en parte como consecuencia de imperativos legales. A mediados del pasado ejercicio, la Comisión Nacional de la Energía obligó a la entidad a elegir entre permanecer en el consejo de administración de Iberdrola o hacerlo en el de Repsol, ya que en ambas sociedades mantenía una participación superior al 5%, calificada por tanto como «significativa» y como tal incompatible según la normativa en vigor. El BBVA optó por la eléctrica. El banco, que entró en Repsol a finales de los 80 -precisamente, mediante el canje de las acciones que tenía hasta ese momento en la empresa vasca Petronor-, había llegado a controlar una participación cercana al 10% de la petrolera, cuyo control está en manos de La Caixa.