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Martes, 13 de junio de 2006
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SOCIEDAD
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Las piedras del futuro
Geólogos de todo el mundo intentan predecir en Bilbao las consecuencias del calentamiento global estudiando sedimentos de otras épocas similares
Las piedras del futuro
SIMPOSIO. Victoriano Pujalte, Xabier Orue-Etxebarria, Henk Brinkhuis, Scott L. Wing y Birger Schmitz, en Bilbao. / MITXEL ATRIO
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EL CONGRESO
Reúne a 170 expertos en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Visitarán las playas de Azkorri (Getxo) y Zumaia para observar afloramientos de rocas de la época estudiada en el congreso, el Paleógeno inferior.

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Los geólogos contribuyen al estudio del cambio climático actual a través de la observación del pasado, de los sedimentos almacenados durante millones de años y de los fósiles de animales y plantas que éstos contienen. En concreto, los 170 expertos de todo el mundo reunidos estos días en un gran congreso en Bilbao se han fijado en un tramo de la historia del planeta denominado el Paleógeno inferior, que abarca desde hace 65 millones de años -acababan de extinguirse los dinosaurios y empezaba la irrupción de los mamíferos en todos los ecosistemas- hasta hace 34 millones de años. Éste fue el último gran periodo en el que la Tierra experimentó un clima globalmente cálido, que hacía posibles bosques subtropicales en latitudes superiores a los 60º (más arriba de San Petersburgo).

Para hacerse una idea, no había hielo en el Ártico. Es más, las últimas investigaciones apuntan a que, hace 55 millones de años, nadar en sus aguas era algo así como sumergirse en el Caribe. Parecido al escenario hacia el que los expertos dicen que podríamos caminar por culpa del efecto invernadero si no se hace nada para remediarlo: en 2070 se fundirá el hielo del Polo Norte y en 2.200 se espera que desaparezca el que cubre las tierras de Groenlandia. Esto último supondrá un aumento del nivel del mar de unos siete metros.

Los expertos se centran en el llamado Máximo Térmico del Paleoceno/Eoceno (sus siglas son PETM en inglés), un paréntesis dentro del Paleógeno inferior en el cual la temperatura global sufrió un brusco aumento, entre 5 y 10 grados.

Pero, ¿en qué se parece el PETM a la situación medioambiental que vivimos hoy? Lo explica Henk Brinkhuis, profesor de Paleoecología de la Universidad de Utrecht: «En aquella época se produjo un experimento natural. Hubo una enorme emisión de gas a la atmósfera (1.200 megatones de metano) por razones que desconocemos» -aunque las hipótesis apuntan a grandes erupciones volcánicas o a la liberación de grandes depósitos de metano almacenados bajo suelo helado-. «Ocurrió tan rápido, desde el punto de vista geológico, que es comparable a la cantidad de CO2 liberado a la atmósfera por la acción humana».

Más huracanes y ciclones

«Estudiamos aquel experimento para saber qué ocurrirá en el futuro, qué condiciones son las necesarias para que haya o no hielo en los polos y a qué velocidades se producen estos cambios», prosigue el experto holandés. Su colega sueco Birger Schmitz, de la Universidad de Lund, señala, por ejemplo, que «sedimentos estudiados en Cataluña y Huesca aportan serias pruebas en favor de que el calentamiento aumenta la posibilidad de huracanes y ciclones».

¿Qué consecuencias tuvo aquel cambio climático del pasado? Scott L. Wing, conservador del Museo Nacional de Historia Natural de Washington DC, explica que hubo una gran migración de animales y plantas hacia el norte y el sur. En aquel entonces fue posible porque el clima era bastante más cálido, lo que facilitaba la movilidad de fauna y flora». Por ejemplo, no había barreras como cadenas montañosas heladas que impidieran la huida, como las hay en la actualidad. «Además, el cambio se está produciendo tan rápido que quizás los animales no tengan hábitats favorables adonde ir», dice Wing.

Los expertos ven con claridad esta historia, según explica el catedrático de Estratigrafía de la UPV Victoriano Pujalte, «en las conchas de organismos antiguos, que reflejan variaciones provocadas por cambios climáticos. También estudiamos las plantas tropicales y las de climas más fríos para luego observar las plantas fosilizadas. En ellas se ven los cambios de vegetación en un mismo lugar, motivados por modificaciones en las temperaturas y en el régimen de lluvias». «El registro geológico contiene toda nuestra historia y nos ayudará a predecir consecuencias del cambio climático actual. El problema que tenemos es que ahora está el hombre de por medio», añade.



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