El txakoli de Vizcaya está de moda. Este vino blanco, fresco, afrutado y algo ácido que se elabora con las uvas Blanca de Fuenterrabía y Folle Blanche, se puede codear con cualquier vino blanco y joven con el que antaño no podría haberse comparado. Hoy se cultiva el doble que hace cinco años, 1.200.000 botellas y la Diputación quiere llegar a los dos millones para el ejercicio 2009.
El proceso es paralelo al que han experimentado las emergentes denominaciones de origen, que hoy hacen posible obtener unos vinos excelentes en lugares insospechados, donde el mundo de las bodegas empieza a ser frecuentado empresarialmente por gente cuya actividad principal nada tiene que ver con el sector primario, pero para los que tiene un toque de distinción cultivar unas cepas en el Priorato, Toro, La Rioja, o la Ribera del Duero. Banqueros, políticos en la reserva activa, modistos, arquitectos, cantantes, entre otro personal heterogéneo, cosechan su propio vino para pasmo y envidia de sus amistades.
Con el txakoli ha venido a pasar algo parecido, aunque con un poco menos de glamour, tal como corresponde a la sobriedad de nuestro estilo. Están irrumpiendo en el sector empresas que poco o nada tienen que ver con la explotación baserritarra que sustentaba tradicionalmente la producción vizcaína. Una de estas empresas era noticia en estas páginas hace dos semanas por haber plantado siete hectáreas de viñedo con el 'transfer' del Ministerio de Agricultura, pero sin el permiso de la propia Diputación. Lo que le daba morbo al tema era la indulgente consideración que el asunto merecía para el diputado foral de Agricultura: «Es un pecado venial», se decía.
De todos es sabido que el pecado venial se absuelve prácticamente solo: una ablución de agua bendita, un avemaría rezada con cierto recogimiento bastan para ello. La Diputación, sin embargo, no ha querido dejar nada al azar. Apenas quince días después se ha modificado el decreto que regula la producción vitivinícola para hacer desaparecer incluso la venialidad del pecado. Bendita acracia foral.