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Jueves, 15 de junio de 2006
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CULTURA
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«Echo mucho de menos a mi mujer»
Ortega Cano se derrumbó durante el funeral celebrado ayer por Rocío Jurado en la catedral de Madrid. Amigos y curiosos abarrotaron el templo y sus aledaños
«Echo mucho de menos a mi mujer»
UNIDOS. Rocío Carrasco entra en el templo del brazo de su novio, Fidel Albiac (izquierda), y de José Ortega Cano. / EFE
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Cerca de 3.500 personas llenaron ayer la catedral de Madrid para asistir al funeral por Rocío Jurado, fallecida el pasado día 1. La Almudena no conocía tal concentración desde otro acto fúnebre, el de los fallecidos en el 11-M. Pero en el caso de la misa en memoria de la artista dominó la manifestación popular y, como en la capilla ardiente y el entierro, el pleno seguimiento mediático.

Una hora antes de iniciarse el funeral, pasadas las siete de la tarde, no quedaba un sitio libre en los bancos. Los asistentes llenaron entonces los pasillos. Más de quinientas personas que no pudieron entrar contemplaron desde los aledaños la llegada de los muchos famosos que acompañaron al viudo de la cantante, José Ortega Cano, a su hija, Rocío Carrasco, y al novio de ésta, Fidel Albiac. Los tres entraron juntos, cogidos del brazo, con rostros que reflejaban dolor y emoción y ocuparon los primeros bancos con el resto de la familia; los hermanos, Amador y Gloria Mohedano, y la madre del torero, Juana Cano. Todos ellos vestidos de riguroso luto. Con aplausos y exclamaciones de '¿ánimo!' fueron recibidos los familiares directos en la entrada del templo.

Fuera, el público se iba trasladando de una a otra puerta de la catedral con tal de no perderse la llegada de los muchos famosos que acudieron a la convocatoria. Sara Montiel, Natalia Figueroa, Dolores Abril, Jaime Ostos, Julio Aparicio, Cuqui Fierro, Massiel, Remedios Cervantes, Karina, María José Cantudo... Y en medio del gentío, unos turistas extranjeros que trataban de conocer la catedral preguntaron qué pasada dentro, si se trataba de una boda.

Palabras de aliento

El funeral fue oficiado por monseñor Antonio Astillero. El deán de la catedral recordó las cualidades de Rocío Jurado , su amor a la copla y su manera de morir «un ejemplo de vida para nosotros». Y en este momento, Ortega Cano se vino abajo sin poder contener las lágrimas.

Por expreso deseo de la familia, los asistentes no se acercaron dar el pésame. Desde que falleció la cantante, han sido muchas las emociones vividas y quisieron evitar otra vez el llanto. Pero al salir, Ortega Cano no pudo sortear el cerco mediático. «¿Cómo han sido estos catorce días de ausencia?», le espetaron. Y él, con temple, serio, contesto: «Nos admirábamos mucho, ella era muy partidaria mía y yo de ella. Estoy emocionado, echo de menos a mi mujer».



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