Por tercer año consecutivo, los trabajadores del metal de Vizcaya no podrán renovar su convenio colectivo ante la incapacidad que patronal y sindicatos muestran para acercar mínimamente sus posiciones. Las diferencias son de tal calibre a estas alturas que ni siquiera se ha podido constituir la mesa de negociación. El anuncio de la Federación Vizcaína de Empresas del Metal (FVEM) de dar por cerradas las conversaciones de este ejercicio y recomendar una subida salarial del 3,2% ha sido un paso más en la escalada de confrontación en un pacto laboral del que dependen más de 60.000 trabajadores, aunque buena parte de ellos rigen sus relaciones laborales, en su totalidad o en sus aspectos más importantes, por acuerdos de empresa.
La patronal y el sindicato ELA, mayoritario en el sector, se lanzan reproches y se responsabilizan mutuamente de la ruptura. Para Jaime Fernández, gerente de la FVEM, las centrales mantienen reivindicaciones de otro tiempo al ser incapaces de asumir las nuevas circunstancias que vive el sector. Por su parte, Dani Gómez, secretario general de la Federación del Metal de ELA, es la posición numantina de la patronal en la negociación de la jornada, el control del empleo y la flexibilidad la que impide avanzar en las conversaciones.
Cuando la negociación se rompe, lo habitual es el conflicto, pero la patronal no cree que los trabajadores secunden a los sindicatos en ese objetivo, mientras que desde ELA se apuesta por trasladarlo a las empresas si en el ámbito sectorial no se dan las condiciones para plantearlo a fondo.