La boliviana Susana Osinaga Robles, una de las enfermeras que lavó el cuerpo inerte del guerrillero Ernesto Che Guevara en 1967, cree que el alma del combatiente la protege y mantiene con vida a sus 73 años. Su testimonio es uno de los muchos que aún es posible encontrar en Vallegrande, una población del sudeste boliviano que ha pasado a la historia como el lugar donde estuvieron ocultos durante treinta años los restos del combatiente, nacido un día como ayer en 1928 en Argentina.
«No le he prendido velas. (Pero) yo creo que él me mantiene también viva hasta ahora. Porque éramos entonces tres enfermeras y de las tres soy la única viva», manifiesta Osinaga, que trabajaba entonces en el hospital Señor de Malta, situado a pocos pasos del domicilio donde aún vive.
En La Higuera, la localidad donde fue ejecutado el Che, y en Vallegrande muchos creen en los favores del alma del guerrillero, al punto que, según Osinaga, la gente «le prende velas, le reza y en las noches mandan (hacer) una misa en su nombre».
Osinaga y su colega Adela Mercado (ya fallecida) limpiaron el cuerpo de Guevara el 9 de octubre de 1967, cuando el Ejército boliviano lo trasladó en helicóptero hasta Vallegrande, tras matar al guerrillero un día antes cerca de ese lugar. Los soldados pusieron la camilla «encima de la lavandería, donde hay un grifo en medio. Le quitamos toda su ropa, como nos dijo el doctor, para inspeccionar el disparo que le mató», agrega, al tiempo que indica que la bala entró por el pecho, pero no tuvo orificio de salida.
La antigua enfermera aún recuerda, con cierta dificultad, que vistieron al Che con un pijama nuevo y amontonaron en una esquina sus destrozadas y sucias ropas, sin saber que se trataba de un personaje importante como para guardar algún recuerdo. Luego la gente se arremolinó alrededor del guerrillero y los militares bolivianos enseñaron a la prensa el cadáver y la herida de bala que le mató, una imagen que fue divulgada al mundo por las agencias de noticias y los diarios.
«Tenía el cabello largo, con rizos, y su mirada que nos impresionó porque nos seguía al movernos, como si estuviera vivo, con los ojos abiertos. Parecía Cristo», rememora. También recuerda que el portero del hospital, en la madrugada del siguiente día, se puso a hervir cebo para hacer una mascarilla, tarea que tuvo que repetir porque la primera se estropeada, según relata Osinaga.
En su humilde hogar, la enfermera retirada mantiene un afiche del líder rebelde y guarda una fotografía que le obsequió un argentino cuando los militares exhibían el cuerpo del guerrillero a los periodistas.
Invitada especial
Precisamente, Susana Osinaga fue ayer una de las invitadas especiales a los actos de entrega de la nueva ampliación del hospital Señor de Malta, financiada por la Alcaldía de Vallegrande y cuyo equipamiento corrió por cuenta del Gobierno cubano. El presidente de Bolivia, Evo Morales, inauguró las obras y los nuevos servicios con el moderno equipo donado por La Habana, que ha financiando veinte nosocomios en el área rural del país andino.
Morales rindió, además, un homenaje en el aniversario del nacimiento de Guevara en La Higuera, donde también asistió a la promoción de un grupo de lugareños alfabetizados e inaugurará un consultorio médico para la población del núcleo rural, que acoge a no más de cincuenta familias.