Las milicias de los tribunales islámicos somalíes tomaron ayer el control de la ciudad de Jowhar, el último bastión de la alianza de los señores de la guerra respaldada por Estados Unidos y ya expulsada la semana pasada de la capital, Mogadiscio. «Vehículos armados llenos de guerrilleros se encuentran frente a la comisaría de policía. Nadie lucha contra ellos y controlan todo. Patrullan por la ciudad, pero todavía no registran las casas», explicó un habitante.
Violentos combates con armas pesadas, morteros y cohetes produjeron numerosas bajas hasta que las fuerzas pro occidentales se vieron obligadas a retirarse. «Cinco personas perdieron la vida y nueve resultaron heridas», declaró un comandante de los fundamentalistas. Sin embargo, otras fuentes elevaron el número de víctimas mortales hasta once. Durante la lucha, la población, atrapada entre dos fuegos y sin posibilidad de huir, se vio sumida en una situación de pánico extremo.
La ofensiva contra Jowhar era esperada desde hacía varios días.
De hecho, Naciones Unidas y otras agencias internacionales de ayuda con oficinas en Jowhar habían procedido a evacuar a su personal internacional y a sus trabajadores locales.
Dos frentes
Provenientes de la ciudad de Balad, a sesenta kilómetros al sur, los milicianos islamistas habían progresado jornada a jornada en dirección a la capital de la región Medio-Shabelle a través de dos frentes, uno cerca de la aldea de Borru y otro cerca de Burane.
Jowhar, con 20.000 habitantes, era el último bastión de los señores de la guerra de la Alianza por la Restauración de la Paz y Contra el Terrorismo. Se habían atrincherado allí tras su derrota del pasado día 5 en Mogadiscio a pesar de contar con el apoyo y el material del Ejército norteamericano.
Washington ya se aventuró en territorio somalí en 1992 para, según la versión oficial, garantizar el destino de la ayuda humanitaria, pero no le quedó más remedio que retirarse tras la masacre de dieciocho de sus efectivos en este paupérrimo país del Cuerno de África, sumido desde 1991 en una guerra civil que ha causado entre 300.000 y 500.000 muertos. La Administración Bush acusa a los tribunales islámicos de proteger a terroristas de la red Al-Qaida y apoya la creación de un Gobierno tulelado por los países occidentales.