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Jueves, 15 de junio de 2006
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alemania 2006
España invita a soñar
La selección de Luis Aragonés golea a una decepcionante Ucrania y presenta sus credenciales en el Mundial
España invita a soñar
XABI ALONSO ABRE EL CERROJO. El cabezazo del centrocampista del Liverpool sirvió para encarrilar el partido rápidamente. / REUTERS
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España completó ayer un debut que ni soñado en el Mundial de Alemania. Fue un día redondo en el que los astros del fútbol parecieron confabularse para honrar a una selección que salió del Zeltrastadion de Leipzig reforzada en todos los sentidos y, sobre todo, en uno fundamental: la convicción general de que hay equipo, de que esta tropa joven e impredecible que ha armado Luis Aragonés tiene entidad para ser una de las protagonistas de este Mundial a poco que no se tuerza. Es cierto que la historia demuestra que lanzar las campanas al vuelo con España es una insensatez. Ahora bien, una cosa es no caer en optimismos desaforados, que como todo el mundo sabe son los primeros optimismos en desvanecerse, y otra negar la evidencia de que esta selección tiene calidad y, por lo visto ayer, sabe perfectamente a lo que juega. Pocas veces se ha visto una selección española tan armónica y convencida del guión que interpreta.

Más allá del espectacular 4-0 ante una Ucrania que estuvo siempre en estado gaseoso, derretida quizás por el sofocante calor que reinaba en Leipzig y superada por la trascendencia del partido, los noventa minutos sirvieron para constatar que Luis Aragonés ha hecho un trabajo de orfebrería con su equipo, al que siempre se le notó cómodo y elegante con el traje (y la corbata) que ha elegido para él el sabio de Hortaleza. España demostró grandeza de miras y recursos. Muchos recursos.

Al final, sobre el césped, el sistema elegido fue más un 4-1-2-3 que el 4-3-3 del que tanto se ha venido hablando, pero lo importante es que a la selección le sentó como un guante. Se demostró desde el principio, lo que resulta muy significativo. Y es que los primeros minutos de un Mundial siempre son un misterio. Lo son para cualquier selección, por muchas escamas que ésta tenga en competiciones de alto nivel. Pues bien, las dudas que podía haber sobre España se desvanecieron rápido bajo la solana inclemente del Zeltrastadion. La selección se puso jugar y lo hizo de carrerilla, algo sorprendente en un equipo inédito y plagado de debutantes.

El engranaje funcionó a la perfección. Como en los entrenamientos. España movía la pelota con sentido, alrededor de tres futbolistas que saben hacerlo y mezclan muy bien: Xabi Alonso, Xavi Hernández y un Senna que se reivindicó con un partidazo. Sólo le faltó poner la guinda del gol y estuvo a punto de conseguirlo en un par de ocasiones con dos trallazos. Por delante, la movilidad, frescura y desparpajo del trío ofensivo resulto letal para Ucrania, que nunca supo lo que hacer. Blokhin deberá buscar una sentencia de Napoleón para reactivar a su aplatanada soldadesca, que concedió demasiados espacios por las bandas (Gusev y Rotan no tapaban a nadie), y se dedicó a lanzar balonazos en busca de Voronin y de un Shevchenko que fracasó con todas las de la ley. Apareció poco, tarde y mal.

Cuestión de acertar

Así las cosas, para España sólo era cuestión de acertar entre los tres palos de Shovkovskyi. Y vino a conseguirlo pronto, recién pasado el cuarto de hora, en dos jugadas a balón parado que, de nuevo, salieron tan bien como en los entrenamientos en Kamen. La primera fue un córner. Xabi Alonso metió la cabeza en la montonera y marcó el 1-0. Tres minutos después, llegó el segundo en un libre directo de Villa que la barrera desvió a la red. Fue un golpe de suerte, pero también de eso hay que tener en un Mundial y España la tuvo para encarrilar el duelo, que ya sólo tuvo un dueño.

Si quedaba alguna duda sobre la suerte del partido y la capacidad de reacción de Ucrania ésta se desvaneció por completo a los dos minutos de la segunda parte, cuando España hiló un magnífico contragolpe, Fernando Torres se plantó sólo delante de Shovkovskyi con el aliento de Vashchukn en el cogote y la pifió. Fue cosa suya. Él mismo con su propio mecanismo. Massimo Busacca, sin embargo, no lo vio así. Qué es lo que vio el trencilla suizo, que ayer fue una especie de antítesis del inolvidable Al Ghandour, es difícil decirlo, pero el caso es que pitó penalti y expulsó al central del Dínamo de Kiev. Una barrabasada. David Villa transformó la pena máxima y se terminó el partido.

A partir de ese momento, rebajada a cero la tensión, se trató de disfrutar al compás de la hinchada española, que agitaba banderas y monteras, y transitaba en sus cánticos entre el clásico 'A por ellos, oe', el rústico 'Opá', el himno nacional y un 'Sí, sí, sí, nos vamos a Berlín' de nuevo cuño. En esa atmósfera festiva de olés y alegría, Luis hizo los dos cambios más académicos posibles. En el minuto 54, Albelda y Raúl, los dos fijos que han dejado de serlo, salieron en lugar de Xabi Alonso y de Villa, que instantes antes de abandonar el campo estuvo a punto de coronarse con un 'hat trick'.

Enfrente, estaba una decepcionante Ucrania que deberá hacer un gran esfuerzo de rearme moral si quiere seguir teniendo opciones. Lo cierto es que a los pupilos de Blokhin no les salió nada. Remando a contracorriente, por puro orgullo, tuvieron un par de buenas ocasiones en la segunda parte, en sendos disparos de Voronin y Rebrov, pero ni siquiera pudieron hacer el gol de la honrilla, que hubiera sido el primero en su historia mundialista. En lugar de eso, tuvieron que seguir penando y ver como España, en una magnífica jugada nacida en la casta de un soberbio Puyol metido a artista y culminada con un zapatazo de Fernando Torres, hacía el cuarto y coronaba un impecable debut.

En fin, que el Zentralstadion de Leipzig ya forma parte de la historia de una selección que ayer presentó unas magníficas credenciales y puso una pica en los octavos de final.



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