El Correo Digital
Viernes, 16 de junio de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Uf, qué calor
Miren, no sé si este calor es normal o no. Yo estoy asustado. Hace cosa de un mes leí que lo del cambio climático va muy en serio. Y que las consecuencias se van a notar mucho más rápidamente de lo que se había creído hasta ahora. Pero no sé, ¿cómo estar seguro de nada? Proliferan las alarmas de todo tipo, es el estilo de la época. Además, también hay científicos que sostienen precisamente lo contrario. Todo ha sido afirmado y todo ha sido negado tantas veces que uno ya no sabe a qué atenerse. Y ése puede ser el mayor peligro del exceso de información: el de mezclar hasta tal punto la verdad y la mentira (por intereses del tipo que sean), que ya resulte imposible distinguirlas. Digo que es un peligro sobre todo porque genera desinterés e indiferencia. Y a la postre, actitudes descaradamente insolidarias al estilo de: 'A mí que me dejen en paz, yo hago lo que me da la gana, al que le fastidie que se aguante', etcétera. De todas formas, estamos prácticamente en verano y, al menos en teoría, lo normal es que haga calor. Por eso yo siempre suelo recomendar cautela en estas fechas. El verano es un buen conductor de las pasiones. En principio la cosa no suena mal, lo sé. ¿Ah, las pasiones! La gente se relaja, ya saben. Tiene ganas de animarse un poco. El frío parece que es más espiritual. En invierno tendemos a volvernos hacia adentro, nos concentramos en nosotros mismos, hacemos cursillos de perfeccionamiento, buscamos eficacia y seguridad. Pero el calor invita a todo lo contrario. Hace que el cuerpo adquiera el protagonismo. La gente se quita ropa, el ojo se alegra, las manos buscan el contacto. La piel roza la piel. ¿Quieres que te ponga un poco de crema? El verano es la estación del recreo. De los políticos no voy a hablar porque ya no sé si tienen recreo o no. Mi opinión es que deberían tenerlo porque al fin y al cabo ellos también son humanos, supongo. Aunque ignoro hasta qué punto hace uno renuncia de su condición humana al optar por dedicarse profesionalmente a la política; esto habría que pensarlo con más detenimiento. En cualquier caso, el resto de los mortales soñamos con el calor como si fuera una especie de no tiempo, un lugar en el que la realidad se desvanece. Por eso el verano puede ser tan peligroso. De hecho, ya ha sido descrita una nueva disfunción del alma llamada 'estrés vacacional'. En fin, me da la impresión de que no tenemos remedio. Pasamos del estrés laboral al estrés vacacional. Y luego al postvacacional. Hay personas sensibles que ven acercarse el veraneo con la familia en el apartamento de la playa y se echan a temblar. Sufren ataques de pánico. Ya saben lo que pienso al respecto: hay que dejarse vivir, darse aire. ¿Uf, qué calor!



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