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Viernes, 16 de junio de 2006
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CULTURA
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El último tango en París
Stéphane Brizé retrata a dos náufragos sentimentales que encuentran su última oportunidad en una academia de baile
El último tango en París
BAILAR PEGADOS. Patrick Chesnais y Anne Consigny.
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'NO ESTOY HECHO PARA....
Título original: Je ne suis pas là pour être aimé'. Francia, 2005. Director: Stéphane Brizé.

Intérpretes: Patrick Chesnais, Anne Consigny, Georges Wilson.

Página web: www.altafilms.com

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Un reencuentro con la vida a través del tango para un solitario cincuentón. Es el sentimental relato que propone Stéphane Brizé en su segunda película, 'No estoy aquí para ser amado', favorita en el último festival de San Sebastián, donde obtuvo el Premio del Círculo de Escritores. El veterano Patrick Chesnais, arropado por Anne Consigny, hace una sentida interpretación en esta crónica agridulce sobre dos náufragos sentimentales que se acaban encontrando en una academia de baile de tangos, música que actúa como terapia.

«El protagonista es un hombre resignado a tener una vida sin alicientes. Ha dejado pasar muchas cosas, sobre todo en el campo de las relaciones humanas. Está en el ecuador de su existencia, y con el tango se le abre una pequeña puerta para que recupere emociones», explica su director y guionista. Para Brizé, esa música «se asocia de manera natural a la melancolía, aspecto que encajaba muy bien con el tipo de vida que lleva este cincuentón encargado de notificar los desahucios a las personas sin recursos.

Cómodo en proyectos sobre personas maduras -«me es más fácil proyectarme en ellas que en adolescentes»-, el director francés plasma «a un tipo de 50 años que se comporta como un niño ante su progenitor». Brizé considera a los actores sus «efectos especiales», y les entregó el guión una hora antes de empezar a rodar «para que no tengan ideas preconcebidas».

En su apuesta por el cine de autor «popular», el cineasta está recorriendo el mundo con esta historia para la que, en sus orígenes, intentó contar con una estrella gala. Al final, el papel recayó en Patrick Chesnais. «Aparentemente, no es simpático, pero encontré en sus ojos la ternura y encanto que requería el personaje. En Francia existe un sistema cinematográfico muy protegido atacado ahora por los que financian el cine: la televisión. Varias cadenas leyeron el guión, les gustó, pero no lo apoyaron. Lo primero que me preguntaron fue qué actor la iba a protagonizar. Confieso que intentamos contactar con varios, pero nos dijeron que no. Ahora me alegro».



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