En el mapa del mundo Paniceiros no ocuparía ni una minúscula parte. Situado en el concejo de Tineo, en la parte occidental de Asturias, este pueblo de treinta casas quedaría tapado por los nombres de otras entidades mucho más grandes, difuminado en sus espacios. Pero en el que dibuja la literatura el escritor Xuan Bello su pueblo ocupa el mismísimo centro. «Cuando uno da forma al mapa tiene el vicio de situar su casa justo en el centro. Eso hago yo cuando escribo», sostiene el autor.
Bello estuvo ayer en Bilbao para hablar de su universo literario en la conferencia 'Memoria de la niebla'. Estaba invitado por la Sociedad de Estudios Vascos en el marco del Bizkaia Forum. La Sociedad quiere ofrecer a sus socios y al público en general la posibilidad de conocer a los autores contemporáneos. Bidebarrieta acogerá de aquí a fin de año, además de la charla de ayer de Bello, las de Suso de Toro y Luis Alberto de Cuenca.
Bello está considerado el mayor poeta asturiano. Es también novelista, ensayista y articulista; en sus textos los géneros se confunden y las fronteras desaparecen. «Están generados totalmente», describe, porque una narración puede acabar conteniendo una explicación científica, un texto real. «Escribo: Pedro Pérez bajó las escaleras... Tengo que hablar de ellas, de la arquitectura, de unas escaleras ciertas». Al mismo tiempo, la ficción se inmiscuye en lo que se supone real, como cuando en una historia sobre la literatura asturiana se inventó a los poetas del XVIII. «La verdad también se inventa».
El escritor pertenece a la segunda generación del Surdimiento asturiano. Y escribe en ese idioma, el de su pueblo. Cuando empezó a hacerlo era un adolescente. «A esa edad, lo mismo que se decide la opción sexual, se elige una lengua de las dos o tres que poseemos todos», explica. «Es una frontera que nos autoimponemos. Es necesario, pero provoca reflexiones sobre el rechazo de otras cosas, idiomas, lugares».
Se enteró de que existía una sociedad en defensa del asturiano y le mandó cartas y poemas; tras leer a Aresti, Espriú y Rosalía de Castro, llegó a la conclusión de que faltaban versos en asturiano. No recibió respuesta en siete meses. Y es que escribía desde una casa cuartel. Su padre era guardia civil. Está convencido de que a los responsables debía de parecerles una broma. Desde entonces, y desde que a los 16 años publicara el poemario 'Nel cuartu amariellu', ha escrito toda su obra en esa lengua -él se traduce al castellano- y siempre en ese universo natal. «Todo lo que pasa en Nueva York pasa en Paniceiros», dice. 'Historia Universal de Paniceiros' y 'Los cuarteles de la memoria', sus 'no novelas', se publicaron en español en el volumen 'Paniceiros'.
Su próxima obra dará voz a la mujer. «Faltaba y eso es mucho faltar. Ellas han transmitido la memoria de los hombres. Mi abuela me hablaba de su padre, de su marido y de sus vecinos pero nunca de las mujeres de la familia». Bello lo hace consciente de que su tío tenía mucha razón: «Vas a tener que inventar mucho», le dijo.