El Correo Digital
Viernes, 16 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
A PROPÓSITO
Mercadillo
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Siempre se ha oído comentar que como en Norteamérica van sobrados, con los muebles y diversidad de cacharros en buen estado de uso que desechan unos se las apañan otros muchos para montar el piso, no a todo tren, pero sí apañidito. Y que en el rico mundo, recurriendo igualmente al mercado de segunda mano hasta se puede montar un loft de diseño hipermoderno con un combinado de lo viejo y lo nuevo de lo más fashion hasta convertir cualquier espacio anodino en modelo de lo más 'in' del hábitat actual. En general, los mercadillos, los abundantes, los misérrimos, los de abundancia y colorido, los escasos de tristes lugares, los alegres y abigarrados, todos representan un retrato exhaustivo de cada sitio. En unos abundan las moscas y los gritos, la algarabía del regateo, en otros reina el silencio del trueque escondido. También leo que nada hay parecido a un mercado de segunda mano como un bazar afgano de Bagram, a 200 metros de la base de Estados Unidos. Imaginemos por un instante un mercadillo en Afganistán dejando a un lado el inevitable toque de orientalismo. En este mercadillo de Bagram es posible encontrar de todo: frigoríficos, Viagra e incluso secretos militares. Claves del Pentágono, estrategias y órdenes internas del ejército de Bush se exhiben al viandante en el suelo cual si fuera un top-manta del espionaje. Los mercaderes exponen a la vista y ponen precio a las memorias de ordenadores de los hombres del Tío Sam robadas a los acuartelamientos. Son pequeños objetos, del tamaño del chicle que mascan los marines, pero que guardan abundante información de la Armada estadounidense: listas de blancos enemigos, la descripción de un radar portátil antimortero, los números de la Seguridad Social de los soldados, nombres de dirigentes afganos corrompidos. La prensa norteamericana se hace eco de las rondas bazar arriba, bazar abajo, de los militares de la base que recorren los puestos provistos de una caja llena de moneda local y compran todo lo que pueden encontrar. Reventa de secretos al público. Secretos usados, secretos de segunda mano en mercadillos de zonas en conflictos con abundante y sofisticado artilugio bélico.



Vocento