El pulso que mantienen Iberdrola y el Gobierno por la última regulación sobre el mercado mayorista de la electricidad ha disparado la tensión en el sector. La compañía vasca se niega a que su distribuidora pague más de 33 euros por megavatio hora, lo que reduce las operaciones en el sistema ordinario y obliga a atender entre un 30% y un 40% de las demanda con mecanismos extraordinarios. Fuentes cercanas a Red Eléctrica, la encargada de esta labor, aseguran que la firma se ha visto forzada a hacer un auténtico «encaje de bolillos» para resolver las distorsiones causadas por la eléctrica. Su opinión tiene especial relevancia, ya que el Ministerio de Industria ha encargado a este operador que dirima si la actuación de Iberdrola es compatible con la legislación vigente y si está ocasionando perturbaciones en la gestión técnica del sistema. Cuando tenga el informe al respecto, el departamento que dirige José Montilla decidirá si toma represalias.
El origen de la disputa radica en el real decreto ley 3/2006, que supone que las empresas de distribución compren la energía a precio de mercado, aunque para su retribución sólo se les reconoce un pago fijo de 42,35 euros por megavatios/hora. El problema es que la electricidad ha estado cotizando a más de 60 euros, lo que se traducía en notables pérdidas. La normativa resulta especialmente negativa para Iberdrola, ya que distribuye más de lo que genera. Por ello, ha decido no pagar más de 33 euros por megavatio/hora.
Como consecuencia de esta medida, en el mercado diario, gestionado por el Operador del Mercado Mayorista de Electricidad (Omel), se están casando menos órdenes de lo habitual porque la distribuidora de Iberdrola hace ofertas de compra a precios muy bajos que nadie acepta. Si lo normal es que se cubran sin problemas los 35.000 gigavatios/hora de demanda de esta época, ahora sólo se atienden 25.000 con el sistema tradicional. Para los 10.000 restantes, hay que recurrir a mecanismos especiales.
Energía más cara
En este punto entra Red Eléctrica, encargada de gestionar esa demanda insatisfecha en el mercado ordinario. Para ello, manda activar las centrales de una especie de mercado de emergencia, llamado de restricciones, que normalmente sólo se utiliza para evitar caídas de tensión o llegar a una zona aislada. Pero su energía es más cara que la que se negocia en el sistema habitual.
En consecuencia, la electricidad se está encareciendo, aunque el precio del mercado ordinario haya caído por la falta de operaciones hasta los 40 euros por megavatio/hora. Este descenso perjudica especialmente a cogeneradoras y energías renovables, que no entran en el sistema de restricciones.
Red Eléctrica advierte de que está gestionando en tiempo real y en mercados especiales un alto volumen de demanda que, en condiciones normales, se negociaría con antelación en el sistema ordinario. Eso le resta capacidad de maniobra . Así se lo va a hacer saber al Ministerio de Industria, que podría utilizar su informe para cargar contra Iberdrola. La eléctrica vasca asegura que lo que está haciendo es legal. La Comisión Nacional de la Energía, por su parte, va a estudiar las consecuencias de la regulación.