Jordi Pujol mostró ayer su preocupación ante un documento en el que estaría trabajando la Conferencia Episcopal Española en torno al concepto de «la unidad de España como bien moral». El ex presidente de la Generalitat de Catalunya, que participó en un curso de verano sobre 'Catolicismo y España' organizado por la Universidad San Pablo-CEU y la fundación García Morente -tras la que está el arzobispado de Madrid-, dijo que le preocupa que, en estos momentos, el episcopado traiga puntos de «desafección», como «esa cuestión de que la unidad de España es un bien moral». El político catalán añadió que de «ahí se están suspendiendo otras cuestiones que ya hemos oído en otras ocasiones, y que, además de tristes, considero que no es un tema en el que deba entrar el Magisterio».
El ex presidente del Gobierno catalán señaló que dentro de la Iglesia siempre ha habido «más de una familia». Pujol declaró estar «sorprendido» y «preocupado» por el hecho de que dentro de la «jerarquía» eclesiástica se haya empezado a hablar de este tema.
Sin mencionarlos, Pujol se refirió a, entre otros, el cardenal primado y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, quien ha afirmado que la unidad de España es un bien moral, y al cardenal Antonio María Rouco Varela, que ha declarado que un cristiano tiene el deber de favorecer y consolidar esta unidad.
Tensión
En este sentido, Pujol consideró «normal» que, de la misma forma que, a veces existe «tensión» entre las posiciones políticas que defienden la unidad de España y las que recalcan la identidad de Cataluña, esta tensión también se da en el ámbito religioso porque «la concepción de un país lo invade todo».
Además, advirtió de que le preocupa que este discusión surja ahora que, según él, España está «inmersa en un debate serio, incluso agrio, sobre la organización territorial, las identidades y sobre la idea y el concepto de España». Asimismo, dudó de que sea «función del Magisterio» hacer esa afirmación sobre el valor moral de la unidad de España, algo que ya escuchó «de jovencito». En este sentido, recordó cómo cuando era pequeño el cura de su parroquia se negaba a confesarle si lo hacía en catalán.
Preguntado por las dudas que ha planteado el nuevo Estatut entre la jerarquía eclesiástica catalana -sobre todo por la inclusión del derecho a una muerte digna-, precisó que ésta no ha dado una consigna oficial y recordó que CiU votó en contra de este título por considerarlo «superfluo y poco feliz».