Mariano Rajoy ha convertido las agresiones y los insultos sufridos durante la campaña del Estatut en un argumento a favor del 'no'. El presidente del PP puso punto y final ayer a su participación en la contienda con un mensaje en el que estableció una suerte de paralelismo entre lo ocurrido estos días en localidades como Hospitalet, Granollers o Mataró y lo que vivirá Cataluña este domingo si los ciudadanos aprueban el nuevo marco de autogobierno. «Nuestro 'no' -insistió en una comida mitin en Lérida- es un 'sí' a la libertad, la libertad que liquida el título primero de este proyecto».
El líder de los populares repitió ante unas 200 personas congregadas en un local de bodas y banquetes el discurso del miércoles en el Palacio de Congresos de Barcelona, donde recibió un baño de multitudes que le permitió resarcirse de los altercados pasados, sobre los cuales los Mossos d'Esquadra han abierto una investigación. Rajoy presentó una Cataluña contaminada por el nacionalismo y amenazada por una izquierda «vieja» y «arcaica». Uno y otra se impondrán, a su juicio, si el nuevo Estatuto triunfa.
Rajoy y el líder del PP catalán, Josep Piqué, dibujaron un escenario preocupante, hostil y parecido -aunque sin comparación expresa- al vivido durante años en el País Vasco. «Sé que no es fácil ser del PP en Cataluña y se han aguantado las cosas muy bien», alabó el dirigente autonómico. Precisamente ayer, el secretario general del PP europeo, Antonio López Isturiz, expuso en Bruselas ante los líderes europeos del partido la «persecución» que están sufriendo los populares en la campaña.
El líder de la oposición aprovechó para reprochar a los dirigentes políticos de Cataluña, en especial a José Montilla, que justificaran el boicot. Por este motivo, el ministro de Industria será el destinatario de cuatro cuestiones que plantearán los diputados populares en la sesión de control al Gobierno de la próxima semana. Calificado ayer por Eduardo Zaplana como el «impulsor» de una estrategia «sucia» contra el PP, se le interrogará acerca de las «actitudes provocadoras» del primer partido de la oposición con las que «justificó los ataques con violencia», y si cree «justificables» dichas agresiones. Por su parte, Mariano Rajoy preguntará a Rodríguez Zapatero: «¿Está usted satisfecho con el clima de crispación creado por su Gobierno?».
Esta tensión alcanzó anoche de nuevo a la plataforma Ciutadans de Catalunya, también partidaria del 'no'. Según fuentes del colectivo, jóvenes independentistas intentaron boicotear un acto en un centro cívico de Barcelona y «agredieron» a uno de los asistentes. El mitin se retrasó una hora.
'No' positivo
Para tratar de contrarrestar la acusación de fomentar el anticatalanismo, Rajoy y Piqué trataron ayer de impregnar su 'no' de valores positivos. El político catalán pidió un 'no' que sea «una expresión de libertad y rebeldía». El líder de la oposición lo identificó con un 'sí' «a la igualdad entre todos los españoles, a la modernidad y al progreso», y con «una apuesta para mirar el futuro y olvidarnos de cosas del pasado que a nadie importan».
Rajoy aseguró que el Estatuto «no piensa en la gente ni en sus derechos y sólo impone deberes». «Apuesta por la burocracia -dijo- en un momento en el que todo el mundo va en la dirección contraria». Remarcó así su convicción de que el marco de autogobierno aprobado por las Cortes impone un modelo social de izquierdas, que prima los derechos colectivos y territoriales sobre los individuales. La prueba: la defensa que el miércoles hizo de él Santiago Carrillo.
El ex secretario general del PCE participó en un mitin de ICV en el que dijo que el discurso del PP recuerda al de la derecha de 1936. Rajoy replicó con ironía que el Estatut es el texto de la tendencia ideológica que el veterano dirigente comunista representa. «Aquí lo que importan son los derechos de la Administración y las empanadas ideológicas de algunos que reflejan lo más arcaico y lo más viejo de la izquierda española, que no se ha enterado de que ha caído el muro de Berlín», insistió.