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acto festivo
Bilbao cumple 706 años con luz, música y fuego
Miles de personas celebraron el aniversario en Abandoibarra, con un espectáculo de luz y sonido inspirado en la magia de los países asiáticos
Bilbao cumple 706 años con luz, música y fuego
DE GALA. Los fuegos artificiales, en pleno apogeo, iluminan la ría y la fachada posterior del Museo Guggenheim. / FERNANDO GÓMEZ
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El viento de la tarde amainó por la noche, y las velas de la tarta de cumpleaños se mantuvieron encendidas. El honor de apagarlas correspondía a los bilbaínos, a esas miles de personas que se acercaron ayer al paseo de Abandoibarra para presenciar el espectáculo organizado por la Fundación Bilbao 700-III Millenium Fundazioa con motivo del 706 aniversario de la ciudad.

La capital vizcaína, más joven de espíritu que nunca, abrió su puerta a Oriente pasadas las diez y media de la noche. Una unión intercultural que tiene su origen en la celebración también este año del 450 aniversario de la muerte de San Ignacio de Loyola y el V centenario del nacimiento de San Francisco Javier, dos grandes viajeros pioneros en estrechar las relaciones entre Occidente y este mundo lleno de misterios.

Como antaño, cuando los 'arrantzales' desembarcaban en Bilbao y al reencontrarse con los suyos celebraban una pequeña fiesta, así arrancó el espectáculo. Eso sí, salvando las distancias. Poca pesca y mucha imaginación. La ría volvió a ser el objeto de todas las miradas.

El artista mediático Bob Wilson presentó un desfile acuático en el que se ofreció una vistosa «creación del mundo». Diferentes figuras de animales de inspiración oriental diseñados el año pasado para la exposición universal de Aichi, en Japón, se 'zambulleron' desde la Universidad de Deusto, hasta la pasarela Pedro Arrupe. Esta última quedó cerrada a los peatones por motivos de seguridad. Lo que a algunos pudiese parecerles una extraña carrera a lo largo y ancho del Nervión tenía un significado oculto. Este inusual escenario se convirtió en una alegoría sobre la armonía entre la naturaleza y el hombre. Y es que, el acto brilló por su riqueza de imágenes.

Entre planetas

También tuvo su propia banda sonora, de la categoría que corresponde a esta ciudad. La Orquesta Sinfónica y la Coral de Bilbao interpretaron en directo un amplio repertorio de Puccini, bajo la dirección de Juanjo Mena. Todo un regalo para los los amantes de la buena música y los que están dispuestos a descubrirla.

Con un leve movimiento de batuta se dio paso a la siguiente parte del espectáculo. En este caso, el protagonismo absoluto recayó en la Universidad de Deusto. Mientras los hinchables flotaban alegremente en la ría, la fachada del edificio principal, en la Avenida de las Universidades, se transformó en una enorme pantalla sobre la que se proyectaron distintos efectos visuales, entre los que destacaron las figuras de algunos planetas emergiendo de la noche. Como diría algún que otro espectador con orgullo de bilbaíno, «el Universo se rindió a los pies de la villa».

Potencia y color

Como colofón, en una fiesta que se precie no pueden faltar los fuegos artificiales. Y, en este arte, la capital vizcaína tiene experiencia. Desde las 23.10 horas y durante treinta minutos, la villa quedó deslumbrada por un 'castillo' cargado de sentimiento. Valerio Festi fue el encargado de diseñar toda su estructura. Colores, entre los que primaba el blanco, y cohetes con formas variadas, desde 'bombas' altas, hasta cascadas, deleitaron al público.

Festi introdujo una novedad en su espectáculo pirotécnico: la música de la Orquesta Sinfónica y la Coral como instrumento para ordenar los lanzamientos. Sonidos que se compenetraban con el estruendo de los fuegos a la perfección, como si bailaran un vals. Al término del 'show' había división de opiniones. A muchos les encantó, pero otros echaron en falta la traca final, tan asociada a las noches festivas. Hay cosas que ni 706 años pueden cambiar.



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