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Lunes, 19 de junio de 2006
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MOTOR
 
EDICIÓN IMPRESA
 
MIEDO. La moto de Gibernau vuela sobre el catalán, con Capirossi a su izquierda. Abajo, Melandri cae y Pedrosa y Hopkins le esquivan . / AP
MOTOR
Silencio sepulcral en Montmeló. La carrera de MotoGP nace muerta. En el final de su primer largo, cuando las motos ya volaban a a casi 200 kilómetros por hora tras despegar menos de un kilómetro atrás, se plasma la maldición. Lo que nadie quiere -aunque muchas veces se espera-, sucede. Las Ducati de Sete Gibernau y Loris Capirossi impactan lateralmente, cual dos caballeros que buscan sus armaduras en un torneo. Extraño de explicar. Complejo de digerir visualmente. La montonera cobró vida.
 
 
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