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Lunes, 19 de junio de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
Con el alma quebrada
El Baskonia, lastrado por un arbitraje perjudicial, se queda a un palmo de despedirse del título al ceder por segunda vez con el Unicaja
Con el alma quebrada
ACOSO. Luis Scola, acosado continuamente por su pares, hace volar a Pietrus. / ALFAQUI
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TAU CERAMICA UNICAJA -
83 78

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El título de la ACB se le escurre de las manos al TAU Cerámica. Pese a su mejoría, pese a dejarse el corazón sobre el parqué, un dañino 2-0 preside ya la quiniela de la final. Jaque mate a la vuelta de la esquina. Porque el Baskonia se quedó ayer contra la pared. Abocado a una gesta ahora que la serie definitiva volará a Vitoria. Queda la fe como mejor -y quizá única- aliada. Ya que el Baskonia dio muestras de que, como mínimo, anda capacitado para demorar el alirón malagueño alguna jornada a pesar de quedarse con el alma quebrada tras el 83-78.

Como ya sucediera en la inauguración, a la escuadra alavesa, que se quedó sin Erdogan pero a cambio recuperó a Prigioni, se le hizo eterno el encuentro. Palideció. Mejoró. Incluso soñó con 1-1. Y, por último, sucumbió ante un rival superior en el número de efectivos y con muchos menos problemas de faltas personales. Es que el criterio arbitral, malo con los malagueños y pésimo con los vitorianos, tampoco contribuyó a la hazaña. Sólo así puede tildarse una victoria en el fortificado Martín Carpena a estas alturas del calendario. El recinto andaluz fue nuevamente una olla a presión de la mano de 10.000 gargantas incansables allí concentradas. Mal asunto para alguien que tiene el factor campo en contra.

Vendaval de inicio

Espoleado por la marea verde y una escenografía más propia de la NBA, el Unicaja salió en tromba. Dispuesto a sacudir al TAU desde la primera posesión. Ese vendaval sorprendió al quinteto visitante (15-9, minuto 8), demasiado tibio en su territorio y afónico en el ataque. Nadie atinaba. Y en el caso de los pívots, su afonía coincidía con la carga prematura de faltas.

Perasovic, en un intento de frenar tanto aguijonazo, llamó al renqueante Prigioni, recién llegado de la capital alavesa, y a Drobjnak, perdido en el fondo de armario azulgrana desde el inicio de los 'play off'. La jugada le salió redonda. El Baskonia comenzó a carburar. Otros jugadores se unieron a la causa. El pegamento defensivo secó y el marcador se constriñó debido a que ambos corredores avanzaban ya con idéntica marcha. 30-32, minuto 18. La llama de la esperanza refulgía de nuevo. De hecho, a la visita por los vestuarios el TAU entró por delante.

Sin embargo, en ese esfuerzo supremo, que hasta provocó algún que otro rato de silencio en el Carpena, al Baskonia se le rasgó el traje de faena. En forma de faltas personales con sus jugadores más determinantes. Un detalle que a la larga sería determinante.

No se rindió el plantel andaluz. Aguantó paciente. Movió fichas y recurrió a sus pesos pesados para recuperar el paso. El bastón de mando empezó a pasar de un bando a otro. Sólo que el partido comenzó a enturbiarse. Aparecieron guerras paralelas. Era una fase de emoción profunda. Cada acierto valía su peso en aro. Y cada error amenazaba derribo.

Con los nervios a flor de piel, Splitter perdió la concentración e hizo bailar las gafas de Santiago, a quien ayer no pitaron ni una falta. Cuarta personal para el brasileño y todavía once minutos por disputarse. Tiago, al banco.

Escapada definitiva

El último cuarto levantó la persiana con Unicaja y TAU cogidos de la mano. Pero los andaluces, con su quinteto de gala, ganaron en ese arranque una buena porción del triunfo. Porque recuperaron la energía del inicio y porque la hélice azulgrana se obturó.

El anfitrión se escapó hasta los siete puntos (67-60). Una diferencia superable en otras circunstancias. Ese colchón calmó a los malagueños. Les dio cordura. En cambio, provocó que el TAU forzara la máquina en cada decisión.

Con el rostro repleto de magulladuras, los visitantes arriesgaron al máximo en cada jugada. Y a punto estuvieron de soñar con la igualada en el marcador (79-76 a 50 segundos del final). Entonces, ya boqueante, recibió la puñalada mortal. A través de un triple esquinado de Pepe Sánchez, con tan sólo 24 segundos por disputarse y que mató el sueño azulgrana, al tiempo que impone la exigencia de completar una remontada histórica. Queda la fe.

d.gonzalez@diario-elcorreo.com



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