Los preparativos norcoreanos para lanzar un misil intercontinental desataron ayer la alarma en el este de Asia y amenazan con anegar los esfuerzos internacionales para devolver a Pyongyang a la mesa de negociaciones nucleares. Los Gobiernos de Tokio y Seúl siguieron en máxima alerta todas las informaciones que sus satélites espías y los de EE UU ofrecían sobre el silo de lanzamiento de misiles de Masudan-ri, en la provincia norcoreana de Hamgyong Septentrional.
Medios diplomáticos y de inteligencia japoneses y surcoreanos habían advertido sobre la posibilidad de un inminente lanzamiento por parte de Corea del Norte de un Taepodong-2, un misil balístico sobre cuyo alcance no se ponen de acuerdo los expertos, pero que oscilaría entre los 3.500 y los 6.700 kilómetros. El lanzamiento sería simplemente una prueba, sin blancos reales, pero su realización sería una manifestación de fuerza que daría al país comunista una baza en las difíciles negociaciones multilaterales sobre su programa de armas atómicas.
El éxito del lanzamiento también demostraría que, en caso de dotar a esos misiles basados en los Scud soviéticos y los Nodong norcoreanos con una carga nuclear, Pyongyang podría amenazar con devastar a sus principales contrincantes, Japón y EE UU.
Listo para disparar
A primera hora de la mañana, los medios de prensa japoneses y surcoreanos advertían de que, según esas fuentes diplomáticas y del espionaje, Corea del Norte había completado la inyección del combustible en el misil y lo dejaba listo para ser disparado. Todo apuntaba a que el lanzamiento era inminente.
En Corea del Sur, los asesores en temas de seguridad del presidente, Roh Moo-hyun, permanecían reunidos en sus oficinas «a la espera de los movimientos» de Pyongyang. En Japón, la reacción era más contundente y partía del propio ministro de Exteriores, Taro Aso. Si el misil toca suelo nipón, «lo consideraremos un ataque», dijo Aso en una intervención televisada.
Por su parte, el Gobierno de EE UU señaló que espera que Pyongyang mantenga su palabra. El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, recordó que «los norcoreanos decidieron en 1999 que establecerían una moratoria sobre este tipo de prueba. Esperamos que la mantengan. No queremos que se hagan pruebas fuera del territorio norcoreano», añadió.