La victoria socialdemócrata en los comicios legislativos de Eslovaquia abrió la veda de las alianzas postelectorales. Y los anuncios de un nuevo pacto no se hicieron esperar. El partido de izquierda Smer, que venció en las elecciones con el 29,2% de los votos reveló que espera formar una coalición de gobierno que aplique una política opuesta a las reformas liberales emprendidas por la derecha. Por su parte, la Unión Democrática y Cristiana Eslovaca del primer ministro Mikulas Dzurinda alcanzó la segunda posición, con el 18,3% de los sufragios, según los resultados definitivos de la cita electoral del sábado , que fueron publicados ayer por la Oficina Nacional de Estadísticas.
Robert Fico, líder de Smer, estaba pletórico. «Es un resultado fantástico, espero que logremos formar una coalición de gobierno que haga aprobar un programa de izquierdas», declaró ante la sede de su partido. Su objetivo, dijo, es «una Eslovaquia más basada en la solidaridad y más igualitaria». Contento pero cansado, el abogado de 41 años se negó a hacer declaraciones sobre las negociaciones que entablará para reunir en el Parlamento una mayoría que le permita gobernar, ya sea aliándose con el nacionalista Vladimir Meciar (HZDS) y la extrema derecha (SNS), o bien con los democristianos (KDH) y el partido húngaro (SMK), menos dispuestos a una revisión de las reformas.
Fico, calificado de «populista» por sus adversarios, criticó duramente las medidas «antisociales» de la derecha, que según él sólo han beneficiado a los más ricos. Por eso, propone revisar la impopular reforma de la Sanidad, aumentar las prestaciones sociales y suprimir la tasa fiscal única del 19% (sobre el IVA y la renta), una de las más bajas de la Unión Europea, aumentando el impuesto sobre la sociedades.
Continuidad
Tras su derrota, el primer ministro saliente, Mikulas Dzurinda, llamó a sus antiguos aliados, los democristianos y el partido húngaro, a acompañarlo en la oposición, asegurando que «la continuidad es un factor clave para Eslovaquia». Bajo su mandato, el antiguo país comunista logró un fuerte crecimiento económico del 6,1% en 2005, gracias al flujo de inversiones extranjeras. Las reformas, sin embargo, han aumentado las desigualdades entre las ciudades que atraen las inversiones, como la capital, Bratislava, y las regiones más pobres del centro y el este, donde la tasa de desempleo supera el 20%.
En las elecciones celebradas el sábado, marcadas por un fuerte abstencionismo (45,33%), sólo otros cuatro partidos lograron superar el 5% de votos necesario para entrar en el Parlamento. El Partido Nacional Eslovaco (SNS), de extrema derecha, alcanzó la tercera posición con el 11,7% de apoyos. Mientras, el Partido de la Coalición Húngara (SMK), que representa a la comunidad húngara, recibió el 11,68% de los sufragios, el Movimiento por una Eslovaquia Democrática (HZDS) del antiguo primer ministro Vladimir Meciar obtuvo el 8,8% y el Movimiento Cristiano-Demócrata (KDH), el 8,3%.