El lehendakari subrayó ayer que «cuando se lucha con un ideal en el corazón, no hay fuerza ni bayoneta capaz de doblegar el alma de un pueblo». Con motivo del 70 aniversario de la toma de Bilbao por las tropas franquistas, Juan José Ibarretxe presidió en el monte Artxanda la inauguración de una escultura para honrar a los combatientes en la Guerra Civil. En su opinión, «la Euskadi de hoy no se podría entender» sin el sacrificio de los 13.000 ciudadanos vascos que murieron en el alzamiento militar ni los 150.000 que huyeron al exilio, entre ellos 30.000 niños.
Justicia y memoria
«No es el rencor ni la venganza lo que nos ha congregado aquí, sino la justicia, la memoria y el homenaje a los luchadores que defendieron la paz, la libertad, la democracia y la República», aseguró Ibarretxe tras matizar que hablaba como político y «como hijo y nieto de exiliados». El lehendakari, que hizo especial mención a las mujeres que «sacaron adelante a su familia» a pesar de haber perdido maridos e hijos en la contienda, incidió en que el monumento es «la huella indeleble de un pueblo que está dispuesto a mantener su supervivencia por encima de la razón de la fuerza».
La pieza, de acero al carbono de 8 metros de altura y 8.000 kilogramos de peso, ha sido realizada por el escultor Juanjo Novella a petición de la asociación 'Aterpe 1936', que promueve el reconocimiento «a los que defendieron las libertades y derechos en la Guerra Civil y la dictadura». Este proyecto ha reunido a partidos y sindicatos nacionalistas y de izquierdas.
De hecho, al homenaje acudió el secretario general del PSE-EE, Patxi López, así como su portavoz en el Parlamento vasco, José Antonio Pastor, y el delegado de Gobierno, Paulino Luesma. También estuvieron presentes el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, el alcalde de la capital vizcaína, Iñaki Azkuna, y el parlamentario de EB Oskar Matute.