Un año más, y ya son catorce, los cazadores y pescadores del País Vasco se congregaron en el antiguo campo de aviación de Dima para celebrar su fiesta. Más de 100.000 personas participaron en esta cita de marcado carácter reivindicativo, especialmente desde la suspensión cautelar de la contrapasa en Vizcaya y Guipúzcoa a raíz de la sentencia del Tribunal de Luxemburgo. «Es una modalidad del norte de España con la que quieren acabar los 'pseudoecologistas'», denunció el presidente del colectivo.
Juan Antonio Sarasketa asegura que por esta zona «pasan más de seis millones de palomas al año y va a más, porque son una plaga. ¿Y sólo podemos cazar de 1.000 a 2.000 en un mes entre todos los cazadores!», apostilla. En su discurso, la cabeza visible de la asociación volvió a arremeter contra los ecologistas, «aunque no todos», precisó. «Sólo los beligerantes que son los mantenidos por las instituciones». También tuvo duras palabras para los políticos «oportunistas». «Mancillan el nombre del cazador vasco y nos humillan con leyes como la de la contrapasa», sentenció.
A su juicio, son los propios cazadores y pescadores los que mejor gestionan la naturaleza y los que regulan el equilibrio ecológico roto por el hombre. «Ya apenas quedan depredadores, no hay águilas, no hay osos ni linces y hay que suprimir los animales que el propio medio no puede sustentar. Esa es la labor del cazador que caza con el perro por delante como describe Miguel Delibes, el cazador moderno, que lucha, que no engaña al animal», enfatizó el portavoz del colectivo. «Furtivos apenas quedan, aunque en todos los colectivos hay un garbanzo negro».
Además de compartir sus reivindicaciones, las decenas de miles de aficionados que se desplazaron desde todos los puntos de Euskadi -también desde Guadalajara y Cataluña, e incluso Alemania y México- hasta las campas de Zumaltza participaron en numerosas actividades lúdicas, todas ellas relacionadas con la naturaleza. Desde primera hora de la mañana y hasta las ocho de la tarde, los asistentes disfrutaron de carreras de galgos y burros, cetrería y demostraciones de caza y pesca sin muerte.
Uno de los principales caballos de batalla del colectivo es el impacto en el medio natural de la agricultura, una actividad a la que responsabilizan de la muerte de seis millones de animales al año en España. «El uso de pesticidas, plaguicidas y herbicidas y el envenenamiento de las semillas certificadas de trigo, con hasta 200 mg de cianuro potásico en un kilo de cereal, han ensuciado el campo. Priman la cosecha y tenemos pruebas para denunciarlo», concluyó Sarasketa.