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Lunes, 19 de junio de 2006
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Zaragoza se moja
A dos años de su apertura, los pabellones comienzan a crecer en la Expo 2008, dedicada al agua
Zaragoza se moja
GOTA A GOTA. Al fondo se observa el Centro de Visitantes, el primero de los cerca de cien pabellones que albergará la Expo. / EL CORREO
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En 1908, Zaragoza entraba en el mundo moderno con la Exposición Internacional Hispano Francesa, un acontecimiento económico y social para conmemorar la resistencia heroica de sus habitantes en la Guerra de la Independencia. Un siglo después, en junio de 2008 -de aquí a dos años-, dará un nuevo salto a la modernidad; en este caso, la ecológica, a través de la Expo del agua. Un enjambre de grúas, excavadoras y camiones se está dando mucha maña para moldear las 25 hectáreas del meandro de Ranillas, que albergará este acontecimiento, una amplia llanura de inundación creada por el río Ebro en su margen izquierda antes de entrar en el casco urbano de la capital aragonesa.

Mucho barro, arena, cemento a tropeles, ferrallas y camiones de transporte que, cuando entran y salen, hacen circular sus grandes ruedas por una piscina a ras de suelo para no ensuciar de polvo el ambiente es cuanto a primera vista se ve en el solar. Es una parcela relativamente pequeña para tratarse de una exposición temática mundial, que se prolongará durante tres meses, a diferencia de los seis de la Expo de Sevilla. «Zaragoza es una ciudad de mucho viento, aunque aquí se dice aire», revela el guía que conduce al turista que acude a visitar el esqueleto de la muestra. Hay también un puente a medio construir, el zócalo de lo que será un estanque fluvial, retoños de árboles que no tardarán en despuntar, adoquines que darán que hablar

El dibujo virtual que puede verse en el centro de visitantes, el primer y único pabellón finalizado, habla de unas instalaciones pensadas para crecer en altura y no en anchura. La cota natural del suelo se elevará cinco metros y medio para albergar edificios empapados de tanta vanguardia como del líquido madre: el agua, un elemento escaso en tantas partes de Aragón Y de España. Porque éste será el punto de partida de un acontecimiento que cuenta con el apoyo de nueve de cada diez mañicos: «Agua y desarrollo sostenible», el lema del evento. Esquivando polémicas, como la de los trasvases, aunque «fomentando debates, como el del mejor aprovechamiento de este recurso», matiza el comisario de la muestra, Emilio Fernández Castaño.

Jardines en las azoteas

De hecho, se aprovecharán recursos al máximo en pos de la «eficiencia». Jardines en las azoteas de los inmuebles y láminas de agua bajo los pies del visitante proporcionarán un inusitado microclima al lugar. «Una especie de botijo en mitad de un clima seco y duro». Arquitecturas éticas y comprometidas con el medio ambiente. Utilización de vigas de madera procedente de viruta reciclada. Se levantará un centro de frío y calor que suministrará energía eléctrica a todas las instalaciones. Un exótico teleférico transportará al visitante de la estación intermodal a Ranillas. Y hasta el Ebro se hará navegable en un tramo para poder acoger embarcaciones.

Hoy por hoy, 31 países han confirmado su asistencia a la Expo Zaragoza 2008 mediante el procedimiento diplomático de 'nota verbal'. No es una notificación a viva voz; es una comunicación escrita y no firmada por el gobierno en cuestión, el protocolo a seguir en estos casos. Se prevé la adhesión de otro medio centenar más.

Hay más números que destacar. La única gran ciudad de España que depura íntegramente sus aguas espera acoger a diez veces su población (casi 700.000 habitantes) en visitantes. El recinto mantendrá las puertas abiertas de nueve de la mañana a tres de la madrugada. Para ello se programarán 3.400 espectáculos. Dos millones y medio de pesetas cubrieron los gastos de la Expo de 1908. Ahora harán falta 30, pero de euros.

También hay nombres propios, muchos, que citar y cerebros con los que cruzarse en una visita a las obras. El primero, el creador del pabellón de España: Francisco Mangado. Después están los de proyección internacional, como la iraquí Zaha Hadid, responsable de uno de los hitos de la Expo y del futuro de la ciudad: el pabellón-puente, una de las puertas del recinto. «Más que un puente, he creado un barco sobre el río Ebro», ha dicho la arquitecta. La parte inferior, parecida al casco de un buque, será de hormigón; la superior, de acero, y sostendrá un rico juego de ventanas y parasoles.

Los otros dos «emblemas» con los que la capital quiere conquistar el futuro serán la Torre del Agua y el Acuario fluvial. La primera, sobre un zócalo con forma de gota de agua, se elevará 70 metros y guardará un mundo de sensaciones: laberintos de vapor, arcos iris, tormentas El segundo está llamado a ser el mayor tanque fluvial de Europa. Navegarán por sus aguas dulces 7.000 especies de río. Siluros del Ebro, truchas, percas «Y un caimán, ¿o no es de río?», pregunta el guía.

i.alvarez@diario-elcorreo.com



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