Alguien ha oído o no ha oído hablar de la momia guanche? La momia guanche salió a flote la semana pasada, pero el Estatut de Cataluña o Catalunya la ha hundido ya en las aguas de la actualidad tras ese referéndum que todos dicen haber ganado y en el que todos han perdido alguna cosa. Volverá, porque los parlamentos necesitan de vez en cuando relajarse de las insoportables tensiones de la realidad y entonces recurren a esta manía de reorganizar los museos y traer y llevar de un lado a otro papeles, momias, símbolos, hasta que consiguen cargarlos también de tensión y de tensiones. Allá va la momia guanche, a las simas del olvido a las que pertenece, mientras retorna, doloroso y próximo, el espectro tan reciente, sangrante aún, de Miguel Ángel Blanco. Es difícil olvidar cómo el pueblo vasco le pidió a ETA que no lo matara y cómo respondió ETA al pueblo vasco. ETA mostró así a qué ejército se enfrentaba: un ejército de civiles desarmados e indefensos, muchas veces representantes populares elegidos en elecciones libres. El mismo pueblo al que no escuchó. Ahora en Euskadi la temporada arqueológica está siendo buena y afloran rastros de nuestro pasado remoto aquí y allá. Desde las inscripciones en euskera y latín de Iruña-Veleia hasta los restos de cosas y esqueletos que han aparecido en Bilbao y en Donostia. ¿Nuestro pasado? Bueno, más bien el tiempo de ellos, los seres humanos de aquel otro mundo que nos precedió. Los asentamientos de Vecunia (Begoña) que pueden considerarse un precedente lejano de Bilbao eran indoeuropeos. Así que no eran 'vascos', a no ser que consideremos que esos grupos que hablaban lenguas emparentadas con el latín y no con el euskera también son antepasados nuestros. Lo que pasa es que aquí cada uno escoge los antepasados que quiere, más o menos. El pasado es muy maleable. Dan ganas de irse al pasado a olvidar pero hasta las excavaciones nos hablan del presente si tienes la manía de escuchar en vez de recitar epopeyas ante las ruinas. Y el presente duele como la enfermedad y la tristeza. Por cierto, ¿están los gobernantes de nuestra Comunidad Autónoma, desde el Gobierno, los ayuntamientos y las diputaciones, tratando de reducir el sistema público de asistencia y salud para dejarlo en chasis y privatizar servicios? Las nuevas normas para ingreso en residencias de ancianos dependientes y los conflictos en Osakidetza parecen indicar que sí. Mientras tanto, Ibarretxe dice cosas como «no hay fuerza capaz de doblegar al pueblo vasco», que es una mentirijilla épica para dar ánimo, porque no hay pueblo indoblegable. Pero, ¿qué es doblegar a un pueblo? ¿Cómo definimos 'pueblo vasco'? ¿Las momias quedan dentro? ¿Los espectros fuera?