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Martes, 20 de junio de 2006
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CULTURA
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Fabuladores de memoria
Esteve Riambau y Elisabet Cabeza presentan en el FAS 'La doble vida del faquir', una inclasificable exhumación de un filme rodado en la Guerra Civil
Fabuladores de memoria
RECUERDOS INFANTILES. Una imagen de 'La doble vida del faquir'.
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Jean Renoir acostumbraba a dejar abierta la puerta del plató «por si, de pronto, irrumpe la realidad». A Esteve Riambau y Elisabet Cabeza les bastó una llamada de teléfono para fabular una película. Cabeza, periodista cinematográfica, contestó a un viejo amigo de su padre, fallecido treinta años atrás, que preguntaba por él. Era un compañero del orfanato, que le mencionó la existencia de un filme amateur rodado en 1937, donde aparecía su progenitor con once años, la misma edad que tenía ella cuando le perdió.

A partir de aquel descubrimiento, Cabeza convenció a Riambau, crítico de cine y profesor universitario, para firmar 'La doble vida del faquir', un fascinante e inclasificable documental que sus autores presentan hoy en el bilbaíno cineclub FAS (Salón El Carmen, 19.45 horas). Los directores encontraron a los pequeños protagonistas, hoy ancianos, y se plantaron en el hospicio para niños de familias humildes de Sant Julià de Vilatorta, a los pies del Montseny.

«Aquellas paredes estaban impregnadas de historias», recuerda Riambau, que no precisa si han rodado un documental o una historia de ficción. «Jugamos con tres elementos: las imágenes antiguas que habían atrapado a los niños durante la Guerra Civil, el escenario de los hechos y aquellos niños convertidos en ancianos que rememoran sus experiencias».

El responsable de embalsamar en el tiempo a los huérfanos fue Felip Sagués, un burgués ocioso que escapó de Barcelona al estallar la contienda y aplacó el hambre de los críos con proyecciones y juegos de manos. Hasta que un día les vistió de sultanes y odaliscas y rodó «una parodia de las cintas de aventuras de los años 30, con Douglas Fairbanks y compañía».

'La doble vida del fáquir' contribuye a borrar los límites cada vez más difusos entre documental y ficción, al igual que títulos recientes como 'En construcción' y 'El cielo gira'. «No es el 'making of' de la cinta original», aclara Riambau. «Tampoco una historia de la periodista que encuentra a su papá en una película. Es un juego de espejos entre la realidad y la ficción, al modo de 'Las mil y una noches'. Cada historia contiene otra al modo de las cajas chinas».

Orson Welles bautizó con 'Fake' el género del falso documental, donde el director hace pasar por verídicas trolas monumentales. Así, Peter Jackson descubrió en 'Forgotten Silver' a Colin McKenzie, un pionero del cine que no aparece en las enciclopedias. Y Agustí Villaronga buceó en la mente de un asesino llamado Aro Tolbukhin. Ni uno ni otro existieron. ¿Es 'La doble vida del faquir' un trabajado, ingeniosísimo 'fake'?

La crítica en horas bajas

«Yo defiendo el cine como pacto con el espectador», se evade Riambau. «Éste puede entrar o no, pero sabe que es un juego. El documental de creación es un pretexto para hacer un cine más barato y libre, que rompe con los cánones de la ficción y crea un nuevo lenguaje. Hay un público más sensible hacia él y se estrena en salas, algo que no ocurre en otros países de Europa. Además, tiene una buena acogida crítica y en los festivales se está empezando a romper el documental como género especializado».

Riambau reconoce que tras 'La doble vida del faquir' no volverá a valorar igual una película. «No es que vaya a ser más benévolo porque he visto lo que cuesta. Más bien lo contrario, me he vuelto más sensible y selectivo». Desde que el cine ha pasado «de las páginas de cultura a las de economía», su profesión vive horas bajas. «Sólo importan las recaudaciones y lo que han cobrado los actores, una sobredosis de información filtrada por las distribuidoras, que te miran con mala cara si preguntas si la película es buena. Cualquier actorcillo de Hollywood de tercera fila abre las páginas de cultura en los diarios, la crítica no interesa a nadie».



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