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Martes, 20 de junio de 2006
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Víctor Manuel de Saboya, hijo del último rey de Italia, se va a ver en la ineludible necesidad de responder a las acusaciones que le involucran en actividades ilícitas relacionadas con los juegos de azar, corrupción y prostitución. Actividades éstas nada principescas por mucho que esta familia y otras pertenecientes al ghota frecuenten una azarosa vida alegre y los casinos. Dos mil folios recopilan y documentan una larga lista de corruptelas y negocios sucios que según los jueces sitúan al príncipe a la cabeza de la pirámide de una amplia organización delictiva. Tras los primeros fogonazos del escándalo declara el heredero de una estirpe su inocencia en una entrevista a un diario italiano y hete aquí que antes de afrontar el interrogatorio del tribunal que ha de juzgarle Victor Manuel interroga primero él y en un alarde de ironía in extremis se adelanta a preguntar al periodista y de paso también a la opinión pública toda: ¿Se puede creer que yo necesite alquilar putas, disculpe el lenguaje, a terceras personas por 2.000 euros por noche y necesite además cobrarlo personalmente? Habría que responderle: pues mire usted alteza, eso depende.

Ah, la necesidad. De la necesidad dejó escrito Cervantes que es contingencia imprescindible para dar uso al ingenio, que de verdad no parece se da en este caso, se mire por donde se mire. También la necesidad es circunstancia que indefectiblemente nunca puede ni debe cerrar tratos ventajosos y los 2.000 folios que enarbola el fiscal contra el heredero de una dinastía decadente dan sobrada cuenta supuestamente, de que el acusado jugaba con ventaja. Cierto que las cárceles rebosan de gente que puede alegar haber sido impelida por la necesidad y ciertamente acaba entre barrotes un número inmensamente mayor de entre la grey de 'necesitados' y que todo el mundo se pregunta ante las condenas a potentados delincuentes qué necesidad tenían de arriesgar la libertad y acabar entre barrotes cuando creíamos nada necesitaban tal que Mario Conde. Sin necesidad, oiga. Sin embargo fue la cárcel la que descubrió al ex banquero lo necesario de un manual de Derecho Penitenciario que su paso por el presidio hizo posible. La necesidad como acicate.



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