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Martes, 20 de junio de 2006
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POLÍTICA
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El fiscal identifica a García Gaztelu como el autor de los disparos que mataron a Blanco
El ex jefe militar de ETA e Irantzu Gallastegi callan desafiantes ante el tribunal que les juzga por el secuestro y asesinato del edil del PP de Ermua Los acusados mantuvieron una animada charla y jalearon a otros presos
El fiscal identifica a García Gaztelu como el autor de los disparos que mataron a Blanco
DESAFIANTE. García Gaztelu, antes de abrirse el juicio. / EFE
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«No voy a decir nada, no voy a responder a nada». El ex jefe del aparato militar de ETA Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', y su novia Irantzu Gallastegi Sodupe, 'Amaia', utilizaron ayer idénticas palabras, pronunciadas en euskera, para informar de su negativa a declarar al tribunal de la Audiencia Nacional que les juzga por el secuestro y asesinato del concejal del Partido Popular de Ermua Miguel Ángel Blanco.

'Txapote' y 'Amaia', para quienes el fiscal pide sendas condenas de 50 años de prisión, no forzaron su expulsión de la sala -estratagema habitual de los etarras-, pero se mantuvieron en todo momento desafiantes y durante las dos horas que duró la vista oral no pararon de hablar entre ellos, gesticular y sonreír.

Los dos acusados de asesinar al joven edil del PP llegaron incluso a besarse en la boca ante los ojos de decenas de personas que les miraban desde fuera de la 'pecera' (celda de cristal blindado) de la sala de vistas de la Audiencia Nacional, donde permanecieron bajo constante custodia policial.

García Gaztelu no eludió en ningún momento la mirada de los allegados de Miguel Ángel Blanco, mientras que de vez en cuando acariciaba la pierna de su novia que, a su vez, sonreía y hacía guiños a dos de sus familiares, los únicos entre el más de medio centenar de asistentes a la sesión.

Los dos terroristas procesados ni siquiera pararon de conversar durante los quince minutos que empleó el fiscal del caso, Miguel Ángel Carballo, en la lectura de las preguntas que tenía previsto hacer a los dos acusados. Entre ellas, si es verdad que «tenían decidido desde el principio» matar a Miguel Ángel Blanco sabedores de que el Estado nunca iba a ceder ante el ultimátum planteado por ETA para que acercara a los presos de la banda a cárceles del País Vasco, o si «fueron conscientes del sufrimiento de su víctima durante las 48 horas que estuvo cautivo con la agonía de que se enfrentaba a una muerte segura».

Autor material

'Txapote' tampoco escuchó al fiscal cuando, por primera vez desde que se abrió la causa penal, le acusó de ser el terrorista que apretó el gatillo aquel sábado 12 de julio de 1997. Según el Ministerio Público, que hasta ahora nunca había identificado con certeza al autor material del asesinato, fue García Gaztelu quien, con una pistola 'Beretta' del calibre 22, disparó dos veces a bocajarro en la cabeza del edil. Mientras, su compañero de comando José Luis Geresta Mujika (ya fallecido) sujetaba a la víctima, que permanecía maniatada, y 'Amaia' esperaba en el coche en labores de vigilancia en las inmediaciones de la pista forestal de la localidad guipuzcoana de Lasarte donde se consumó el asesinato.

Las continuas miradas desafiantes de 'Txapote' provocaron los insultos del público, que arreciaron durante las comparecencias de los cuatro miembros de ETA que fueron llevados a la sala como testigos de la Fiscalía. Los dos procesados sólo interrumpieron su charla para saludar, con el puño derecho en alto, a sus correligionarios, a los que jalearon con gritos como «¿Aupa, la hostia!» y lanzaron besos.

Ibón Muñoa, el colaborador del 'comando Donosti' que escondió a los procesados en su casa, fue el único que consintió en responder a las preguntas del fiscal, aunque fue para decir que no se acordaba de nada de sus anteriores declaraciones y asegurar que sus confesiones fueron obtenidas bajo tortura.

Kepa Etxebarria, Sebastián Lasa y Gregorio Escudero -los otros tres etarras conducidos ayer a la Audiencia Nacional para testificar contra 'Txapote' y 'Amaia'- se negaron a responder a las preguntas. Los gestos, saludos y vítores de los terroristas fueron contestados por los asistentes al juicio con gritos de «hijos de puta» y «asesinos».

«Venga, Goyo»

Uno de los momentos más tensos se produjo cuando Escudero, al que el fiscal recriminó su falta de compostura, espetó al tribunal: «Yo me comporto como quiero». Los dos cabecillas etarras le despidieron con gritos de «Venga, Goyo» y el público volvió a dedicarles palabras malsonantes.

Otras once personas (todas protegidas tras una cortina) prestaron declaración. Una de ellas fue la madre del concejal asesinado, Consuelo Garrido, quien confirmó las rutinas horarias de su hijo. El resto de testigos fueron miembros del Cuerpo Nacional de Policía y de la Ertzaintza, y abogados que insistieron en que ninguna de las declaraciones de los cuatro etarras que inculparon a los dos procesados fue obtenida bajo torturas.

Al finalizar la sesión se reprodujeron las escenas de tensión. Cuando el tribunal dio por concluida la vista, dos personas que asistieron al juicio como público se quitaron las camisas para dejar ver sendas camisetas con la foto del edil asesinato y la leyenda 'condenas completas para sus asesinos'. Ambos se aproximaron al cristal blindado en el momento en que esposaban a 'Txapote' para devolverlo a los calabozos. Comenzaron a increparle; el ex jefe etarra les aguantó la mirada, murmulló algo entre dientes y les dedicó una sonrisa displicente.



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